
No había terminado su carrera universitaria. Trabajaba como bedel en la universidad de Granada. Y, aunque era muy presumido y algo presuntuoso, ganaba la mayoría de sus desafíos. Sabía que lo iban a llevar a Moscú o a Sao Paulo.

Llegaron, le taparon los ojos con un paño (no veía nada), y lo introdujeron en un automóvil. Lo subieron a un avión. Cuando le quitaron la venda de los ojos, se encontró en una habitación herméticamente cerrada. Sin ventanas. Con una puerta de madera maciza. Una silla, un catre, un lavabo, un retrete y una bombilla en el techo, que iluminaba el recinto, eran los únicos elementos que había en la estancia.
Al cabo de unos minutos, Rosendo llamó a sus compañeros de apuesta para decirles que estabá en Moscú. ¿Cómo lo supo?
Batiburrillo – De todo un poco… 


