
¿No te has dado cuenta que al pasar por delante de un bar, una cafetería, un restaurante, un edificio que alberga un organismo oficial, un hospital, o similares, huele a tabaco? Desde siempre hemos creído que las prohibiciones, como tales, no son buenas, que antes de prohibir hay que enseñar (educar) al personal. En el caso del tabaco, habría que explicarles a los consumidores, con campañas específicas, sobre los males que esta droga produce en el organismo y arbitrarles métodos para que dejen de fumar, sin imposiciones. Con las medidas que el gobierno español, exactamente el Ministerio de Sanidad, ha tomado, copiadas de otras países, no se ha solucionado el problema. Los que fumaban el día uno de enero no van a dejar de hacerlo el dos y sucesivos, aunque se prohíba. “Si no puedo fumar en el recinto, fumo fuera o no voy”, piensa la mayoría.

Los que no han optado por la segunda opción, dejar de ir a tomarse un café, una caña o un vino, salen a la puerta del local o a la terraza que han habilitado al efecto y se fuman uno, dos, tres o los cigarros que hagan falta. Siguen fumando. El humo contaminante, más concentrado por el mayor número de productores, el que ahora nos convierte en fumadores pasivos a todos los que pasamos por la calle, sigue flotando en el ambiente. Sólo ha habido un cambio de escenario, pero el fumador sigue siéndolo y lo seguirá mientras no se arbitre una solución, no una prohibición.
Los hosteleros se quejan porque han perdido clientela (algunos se han apuntado a la insumisión). Los fumadores se quejan porque han perdido su libertad. Los no fumadores tendríamos también que quejarnos porque la contaminación callejera por humo de tabaco afecta a nuestros pulmones. Todos sabemos que España es diferente, que lo que ha tenido éxito en otros países, aquí puede ser un auténtico fracaso. Vemos que la prohibición de fumar en locales públicos no camina hacia el éxito. Dentro de unos meses analizaremos los resultados, pero en estos momentos no puedo eludir el quejarme, mi olfato, como sistema detector, me lo demanda.
Batiburrillo – De todo un poco… 


