
Hace unos días invitamos, mi mujer y yo, a una pareja de amigos a tomar una botella de vino en la cocina de casa con unas tapitas de jamón. Fui a la despensa y cogí cinco botellas de las que tenía almacenadas. Las puse encima de la mesa para que eligieran una. Pero no se decidieron.

- Vale una cualquiera, – dijo Federico.
Me negué a ello, y les hice una propuesta. Coloqué las cinco botellas en fila (A – B – C – D – E). Le dije a Federico:
- Empieza a contar desde la botella A a la E (1, 2, 3, 4, 5) y continúa de vuelta 6 en la D, 7 en la C, 8 en la B, 9 en la A, y, vuelta atrás, 10 en la B, 11 en la C, y así sucesivamente. Nos beberemos la botella que corresponda al número que representa el año en el que estamos, el 2011.
- ¡Estás loco! – dijo Fede -. Cuando termine ya se me pasó la gana de tomar el vino.
- ¿Y si os digo cuál es la botella que tenemos que abrir sin contar nada?
¿Qué botella nos bebimos y qué hice para averiguar a cuál le tocaba?
Batiburrillo – De todo un poco… 



