
Debe ser que me estoy haciendo viejo o que el paso del tiempo me ha enseñado a entender y a amar a los animales. Hace algunos años no me fijaba en los perros que circulaban por la calle, sueltos o llevados por sus amos. No les tenía miedo, pero tampoco aprecio. Cuando mi hijo apareció en casa con Rula recién nacida hace ya más de tres años, nuestra perrita Yorkshire, me enfadé muchísimo. No sólo con mi hijo, sino también con su novia, con mi mujer y con todos los que estaban delante. No estaba dispuesto a sacrificar mi libertad por un animal.

Llegó la calma y la reflexión. Ahora sería incapaz de desprenderme de nuestra perrita, a pesar de que por ella hemos renunciado a muchas cosas mi mujer y yo. Me ha enseñado a descubrir lo que es la fidelidad. Cada día nos da todo a los que vivimos con ella, pidiendo muy poco a cambio. He aprendido a fijarme en los animales, sean de la raza que sean, gracias a Ruliña. Por ello no me he resistido a compartir con todos vosotros el vídeo que acompaña este artículo.
Batiburrillo – De todo un poco… 




