
Mi compañero y amigo José Antonio va todos los días a desayunar al bar y cafetería Tosal. Habitualmente toma un vaso de leche fría acompañado de un bollo. Si le acucia el hambre porque la noche anterior no cenó lo suficiente y necesario, le pide a Mario que le de una tapa de cocina. Los guisantes con chorizo, el revuelto de champiñones, el pincho moruno, la tortilla de patatas, son algunas de las posibles acompañantes.

Hoy cuando llegó al lugar habitual se sorprendió al ver que estaba cerrado. Dirigió sus pasos hacia el cole con el estómago vacío. En el camino se encontró con otro bar, en el que nunca había entrado. Se sentó y le pidió al camarero un vaso de leche y un bollo. Cuando iba a tomar un sorbo, un gesto de asco se dibujo en su cara. Una mosca de gran tamaño, mas bien un moscón, estaba flotando sobre el líquido blanco.
Llamó al camarero y le enseñó el vaso con su contenido. El muchacho puso cara de asombro y pidió mil disculpas. Recogió el vaso y se fue a la cocina. Dos minutos después volvió con otro y una frase de disculpa: “Con buena voluntad todo tiene arreglo”.
José Antonio llevó el vaso a los labios y sorbió el líquido. Un gesto de asco se volvió a dibujar en su rostro, y volvió a llamar al camarero. “Esta leche es la misma que llevaste antes”, le dijo. “¿Por qué me dice eso?”, inquirió el dependiente.
¿Qué explicación le dio José Antonio al camarero?
Batiburrillo – De todo un poco… 



