
¿Hay algo más relajante que tumbarse después de comer en un sillón delante del televisor y quedarse dormido? Pues sí, hay más: estirarse bajo la sombra de un roble milenario un caluroso día de verano, situarse ante la barra de un bar tomándose un vaso de vino con su respectiva tapa mientras hablamos tranquilamente (es posible) con los amigos de fútbol y/o política, seguir sobre la cama unos minutos después de que suene el despertador mañanero, mirar el cielo estrellado tras una noche despejada, apoyarse sobre un árbol sin pensar en nada, mirando al infinito…

Y hay muchos más, cada uno tiene su particular momento de relajación, pero lo que nunca me imaginé es la forma especial en la que el individuo de la fotografía llega a ese estado. Tomar un café suspendido en el espacio, sentado en el poyo de la ventana de un tercer piso, con el vacío a sus pies, no entra dentro de lo habitual o recomendable. Vemos que las paredes exteriores del edificio están desconchadas, fruto del abandono, símbolo de ruína. ¿Cómo estará el interior del piso del amante de la relajación con riesgo? Tal vez ello lo explique todo.
Fuente de la imagen Daily Picks and Flicks
Batiburrillo – De todo un poco… 




