
No importa que el taxista esté dado de alta como autónomo y pague sus impuestos. No necesita disponer de un medio de transporte registrado en el organismo que equivale a nuestra Dirección General de Tráfico. Estoy seguro que tampoco es necesario tener autorización para convertir una moto en un taxi de altos vuelos. Y digo lo de altos vuelos porque no se trata de un vehículo capaz de transportar, además del conductor, a un máximo de cuatro pasajeros más, uno delante y tres detrás, sino que soporta a seis viajeros, repartidos equitativamente a derecha e izquierda. Pero, por lo que deduzco, su circulación está permitida por las autoridades, que, además de lo ya indicado, tampoco calibran los riesgos.

Todos sabemos que la moto taxi de la imagen es multifuncional y, presupongo, de fácil mantenimiento, pero también creemos que el singular vehículo no podría circular por nuestras carreteras, ya no digamos autovías y autopistas. Al riesgo intrínseco habría que añadir el que producen los otros vehículos, los que se cruzan con él. Vemos, también hay que decirlo, que la calzada tiene un firme en perfectas condiciones, pero ello no es disculpa para que el taxista circule impunemente. “Cosas veredes, amigo Sancho”.
La imagen se encuentra en Daily Picks and Flicks
Batiburrillo – De todo un poco… 




