|
Una de mis debilidades a la hora de practicar un
estilo de vida que conlleve unos niveles aceptables de calidad (léase
estabilidad), es mi falta de tolerancia para con la vida y hacia los demás pues
es bastante complicado eso de aceptar estoicamente una enfermedad por ejemplo, o
cualquier adversidad que golpee a un ser cercano a nosotros, o lo injusto de
ciertas conductas de personas con las que nos vemos obligados a interactuar
diariamente, en el trabajo por ejemplo.
La clave para desarrollar la capacidad de tolerar va en
función de la velocidad que imprimimos a nuestras secuencias mentales, en otras
palabras: el espacio que emplacemos entre pensamiento y pensamiento. Voy a
explicarme, cuando mi mente está ocupadísima generando pensamientos que se
convierten en acciones inmediatamente el intelecto tiene poca capacidad de
discernimiento (intelecto
e impresiones) a veces ninguna, el intelecto no puede obrar su función de
control de los pensamientos porque estos están surgiendo de nuestra mente a gran
velocidad y no hay capacidad de maniobra, no existen espacios de calma o
espacios vacíos entre estos y por lo tanto no se pueden ser re-dirigidos hacia
el sistema de discernimiento que nos procura perspectivas diferentes de una
misma situación y así poder sopesar diferentes alternativas.
Cuando alguien se porta mal con nosotros o nos molesta
la primera reacción es de disgusto y rechazo, pero si “nos damos tiempo” quizás
podríamos llegar a conclusiones distintas, o simplemente ser capaz de aceptar a
la persona que nos esta incordiando como una molestia pasajera que no merece que
malgastemos nuestras energías mentales, esta técnica es aplicable a cualquier
circunstancia que se nos presente en nuestras vidas.
Para crear espacio entre nuestros pensamientos:
relajarnos, concentrarnos y “pensar menos” para poder llegar a la conclusión de
que todos somos diferentes pero iguales y que todos navegamos en el mismo barco.
Ir a página principal de El Comentario |