|
Durante una de mis estancias en India me fui una tarde
a visitar a un yogi “senior” para charlar tranquilamente y tomar un vaso de chai
disfrutando de un atardecer increíblemente calmado y silencioso, hablamos de
muchos temas o mas bien yo escuchaba pues mi interlocutor es un yogi con mucha
experiencia adquirida a lo largo de sus cincuenta años practicando las
disciplinas del yoga, así es que saqué a colación un tema que me preocupaba y
apenas comencé a exponérselo me dijo: difícilmente seremos capaces de
perdonar a los demás si no podemos perdonarnos a nosotros mismos ¿obvio?
no tanto, como dice la canción a veces las cosas no son como parecen.
¿Qué es lo que debemos perdonarnos? Pues para empezar
aceptar incondicionalmente que muchas veces obramos incorrectamente, que a veces
hacemos el tonto o actuamos con arrogancia y en fin que tenemos defectos y cosas
feas que no se embellecen relegándolas a cualquier rincón de nuestra conciencia,
ignorarlas, a mentirnos a nosotros mismos, crea una sensación sutil de
irritabilidad y de frustración que nos impide aceptar claramente que soy
como soy y punto, que los defectos y las fealdades forman parte del
juego, como también pertenecen a las reglas que para poder erradicar
negatividades primero debo enfrentarlas con todas sus consecuencias, puesto de
otra forma: es imprescindible perdonarme y emprender la tarea de aceptar a los
demás con el corazón fresco, dispuesto a correr la aventura de las
interrelaciones con un talante diferente venciendo dificultades y limitaciones
mentales.
A partir de este entendimiento para conmigo, las cosas
se simplifican y viajo por la vida más ligero, me vuelvo más honesto pues lo que
pienso, hablo y hago se mueve por los senderos de la coherencia.
Poco a poco no tengo tanta necesidad de adoptar máscaras o demostrar nada, pues
no hay nada que pretender, somos lo que somos con nuestros defectos y nuestras
virtudes. Acepto a los demás de la misma manera que me reconcilio conmigo, y
cuanto más desarrollo mi capacidad de perdón me vuelvo más libre y menos atado a
tabúes, si soy capaz de aceptar mis tonterías, las de los demás me
parecen menos tontas, y esta actitud será captada por los que me rodean, lo que
facilitara mis relaciones que serán más armónicas y agradables. Las maldades y
los defectos que poseemos por supuesto que van a seguir aflorando de tanto en
tanto pero algo habrá cambiado en mi que permitirá que los demás también se
transformen e influyan en nuestro mundo de una manera mas agradable y positiva.
De esta manera, ¡a perdonarnos puesto que realmente lo
necesitamos!.
Ir a página principal de El Comentario |