| A los seres humanos siempre nos sedujo la velocidad. Si no fuese por el respeto que nos produce, cualquiera intentaría batir records pisando el acelerador de su coche. Es la búsqueda de nuevas sensaciones. De ver el mundo desde nuevas perspectivas.
Cuando nos sentamos ante nuestro ordenador y empezamos nuestra navegación por los confines del mundo, escudriñando en todos los rincones que se esconden en Internet, nuestro cuerpo se pone laxo, nuestra mente se enciende y la adrenalina fluye para que nuestro sistema psicosomático se bañe en la desesperación. La ansiedad se apodera de nuestro espíritu. ¿Cómo podemos aguantar una velocidad tan frustrante?
El operador de telecomunicaciones ONO
inauguró, el 28 de noviembre del año 2000, una nueva forma de Internet. La banda ancha ha llegado. En su cibercafé ha mostrado la velocidad de los equipos en su conexión a la Red: 512 kbps. Esto permitirá que la multimedia comience a asentarse como "modus operandi" en nuestras conexiones. Podremos disfrutar de videos de calidad, de televisión en directo, de sonido similar al de un CD... El Internet de segunda generación está ya en la línea de salida. ¿Se habrán enterado todos...?
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