| Los tiempos cambian. Cada vez es más lo que exigimos a los demás. Nos consideramos receptores de todos los derechos pero no portadores de nuestros deberes. A través de muchos medios de comunicación se nos anima a cambiar nuestra pasividad, nuestro conservadurismo innato, por la participación activa en reclamaciones. A veces no sabemos en donde está el límite. Pedimos lo inviable. Exigimos que nuestras imperfecciones se trastoquen en perfección en los que nos rodean.
La escuela, y los institutos de secundaria, son los primeros receptores de los cambios. Son los lugares que mejor reflejan lo que ocurre en los hogares. La actuación, la forma de pensar, la pasividad o intransigencia de los padres y madres se traslada al aula a través del alumno/a.
Las clases en la ESO son hoy, en la mayoría de los centros, por la falta de interés en gran parte del alumnado, por la incomunicación, por la indisciplina, por la desesperación en el profesorado, mas lugares de discordia que de paz y entendimiento. Aparte de la influencia social, que es notable, hay fallos gravísimos en el sistema educativo.
Hay, propiciada por la ministra de educación Pilar del Castillo, y estructurada en varios pasos, una cierta actitud de reforma. Se intentará corregir sobre todo la rigidez en el desenvolvimiento posibilitando nuevos caminos para el alumnado en la enseñanza obligatoria. Se potenciarán algunos de los actuales (los programas de garantía social están infrautilizados) y se ofrecerán también "rutas " alternativas, formación profesional y bachillerato, para que, si el alumno/a en cualquier momento lo considera oportuno (y lo justifica en su rendimiento e interés), pueda acceder a otro de los tres caminos ofertados.
Otro de los aspectos más negativos del sistema actual, la promoción, el paso al siguiente nivel aun no habiendo superado varias áreas, va a ser corregido. Loas alumnos/as tendrán que repetir curso siempre que no cumplan con los requisitos mínimos de promoción. En el caso de un continuado bajo rendimiento habría que proporcionarles el paso a otro de los caminos contemplados en la enseñanza obligatoria.
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