| Me siento defraudado. Yo que
creía (¿o me lo hicieron creer?) que los seres
humanos éramos los reyes de la Creación
y ahora, unos científicos eminentes, echan por tierra
mi orgullo. Estudiando el mapa que soporta
nuestra existencia, los hombres de ciencia, han
descubierto que son pocas las desigualdades, al menos
en número y base estructural, que nos diferencian de
otros seres vivos. Nuestro cuerpo alberga 30.000 genes
y un simple gusano alrededor de 19.000. ¿No es triste
y desalentador? Pues al parecer no se cree, o se
intuye, que lo que marca y distingue, es el número
sino las interrelaciones que se producen entre ese
material genético. El que seamos rubios, altos, de
nariz aguileña y, por supuesto, inteligentes, viene
determinado por la compleja combinación entre las
moléculas de ADN. Es un consuelo...
Esperamos que el conocimiento de nuestra
estructura genética redunde en satisfacciones. La
medicina se verá beneficiada. Muchas enfermedades
podrán ser atajadas de raíz.
Se seguirá investigando. La ciencia,
desentrañadora de misterios, continuará su camino. A
partir de ahora comienza una nueva etapa. Habrá que
averiguar la consecuencia de cada combinación
genética.
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