| Se ha muerto la ortografía, con sus uves y sus bes, con sus emes antes de pe, con las tildes que coronan alguna de las vocales de las palabras agudas o graves y de todas las esdrújulas. Agoniza la concordancia. Los verbos y los pronombres, los sustantivos y los adjetivos, rompen sus lazos, se separan, no se respetan. El vocabulario se empobrece. La palabra, rica y vivaz, se convierte en vulgar e imprecisa. Se suicidan las frases. No hay sujeto ni predicado. Se entremezclan los elementos en construcciones carentes de sentido. Algunos signos de puntuación ya están sepultados; el principio (¿) de la oración interrogativa se ha diluido sumido en el olvido. Las comas, los puntos, el punto y coma, los dos puntos, se reparten caprichosamente, de manera aleatoria como lo hace la sal (pero sin gracia) cuando sazona el alimento.
¿Es culpa de las nuevas tecnologías? Sentados ante el ordenador, pulsamos el teclado dejando que nuestra imaginación construya arbitrariamente monstruos sin cabeza. No hacemos una programación previa ni, posteriormente, revisamos lo escrito. Somos autosuficientes. No es necesaria la "vuelta atrás". Los errores quedan para "regocijo" de los lectores.
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