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Un lagarto: el primer bípedo
Un signo evolutivo es la
capacidad que adquieren los seres vivos para desplazarse en dos
patas. En la historia de los animales esta característica
surgió y desapareció varias veces. Hasta ahora se consideraba a
los dinosaurios como los primeros seres que utilizaban esta
propiedad.
Recientemente se ha encontrado en una cantera en
Alemania el fósil, de 25 centímetros, de un reptil herbívoro
que, desplazándose sobre sus patas traseras, huía, tal vez, de
los depredadores carnívoros. Se calcula que vivió hace 290
millones de años, es decir, antes que los dinosaurios, que
surgieron sobre la faz de la Tierra 80 millones de años
después. El exhaustivo análisis de los restos encontrados
demostró que pertenecía a una nueva especie, que se denominó Eudibamus
Cursoris.
Este lagarto desapareció misteriosamente hace 210
millones de años, cuando los dinosaurios hicieron acto de
presencia. Sus patas posteriores eran más largas que el resto
del cuerpo. Las patas anteriores eran muy cortas. Tenía una
cola de gran longitud. El tamaño de sus patas delanteras
demuestra el bipedalismo del animal.
Según explica David Berman, del Carnegie Museum of
Natural History de Washington, "este pequeño animal fue
creado para la velocidad". Era muy rápido. Los lagartos
actuales pueden llegar a alcanzar velocidades de 20 km/h. El
Eudibamus alcanzaba los 25 km/h.
El Eudibamus también tenía pies y articulaciones que
hoy no existen en sus congéneres. La articulación de su
rodilla era similar a la del hombre. La articulación de la
cadera permitía que las patas se movieran hacia adelante
manteniendo el resto del cuerpo erguido.
Sus pies, de gran tamaño, contribuían de manera
sobresaliente para que alcanzase grandes velocidades. El agarre
era mayor y, gracias a su larga cola, el centro de gravedad se
mantenía bajo, lo que aumentaba la estabilidad y el equilibrio.
Dice Berman: "El Eudibamus corría sobre sus dedos, sobre
todo al iniciar la marcha. Esto es propio de los animales
rápidos".
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