Se ha comprobado
científicamente que, por una cuestión de supervivencia, todo
hombre necesita por lo menos de dos mujeres: Una en casa (la
Esposa) y otra fuera de casa (la Otra).
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La Esposa cuida de la casa, de los hijos
y de sus ropas.
La Otra cuida de tí.
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La Esposa te habla de los problemas, de
las cuentas a pagar, de las dificultades del día.
La Otra te habla de lo mucho que te ha esperado durante
ese mismo día.
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La Esposa compra un perfume caro para ir
a una fiesta.
La Otra usa el perfume caro para agradarte y que te
sientas a gusto con ella.
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La Esposa duerme con aquel pijama viejo
y confortable.
La Otra se viste con una negligé sensual para esperarte.
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La Esposa te reclama las cosas que
faltan en la casa.
La Otra arregla todo para que nada falte cuando tu
llegues.
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La Esposa te llama por teléfono para que
no te olvides de pasar por la farmacia, por la
carnicería, por el supermercado, por la panadería y de
ir a buscar a los niños a la escuela.
La Otra te llama por teléfono solamente para decirte que
te ama y que te desea.
Surge un pregunta:
¿Por qué no cambiar a la Esposa por la Otra?
Respuesta: Por el
simple hecho de que la Otra, en el caso de que se vaya a
vivir contigo, inmediatamente ocuparía el lugar de la Esposa
y poco tiempo después, tendrías la imperiosa necesidad de
encontrar otra Otra.
¿Como debe ser la Otra
ideal?
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No debe ser muy bonita, en el caso
contrario la tendrás por poco tiempo, o corres el gran
riesgo de compartirla con otro.
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Pero, debe ser amorosa y suave. Ella no
tiene intenciones de casarse y te escogió a tí,
justamente porque eres casado.
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Si ella fuese también casada, mejoran
las posibilidades de que no haya problemas, pues jamás
te llamará por teléfono a tu casa o te pondrá en
situaciones difíciles cuando os encontréis en algún
supermercado.
Sin embargo, desde el
punto de vista puramente psicológico, es sin lugar a dudas
más grave el adulterio en la mujer. Casi siempre, la
infidelidad en el hombre es fruto de un capricho pasajero o
de un deseo momentáneo. Su desliz no afecta de modo alguno
el amor por su mujer. El adulterio de ésta, sin embargo,
demuestra que se encuentran definitivamente rotos los lazos
afectivos que la prendían al marido e irremediablemente
compromete la estabilidad del hogar.
“Para el hombre”, escribe
Somersen Maugham, “una relación pasajera no tiene
importancia sentimental, sin embargo para la mujer si lo
tiene. Además de eso, los hijos que la mujer pueda tener del
adulterio, quedarán necesariamente a cargo del marido, lo
cual agrava la INMORALIDAD del hecho, sin embargo los hijos
del marido con la amante jamás estarán bajo los cuidados de
la esposa. En otras palabras, el adulterio de la mujer
transfiere para el marido el encargo y alimentación de prole
ajena, sin embargo no tendrá esa consecuencia el adulterio
del marido. Por eso, la sociedad encara de modo mas severo
el adulterio de la primera."
Conclusiones:
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El hombre no es infiel, solamente tiene
“Caprichos Pasajeros”.
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Este jurista es un genio !!! A partir de
ahora, los hombres ya tenemos base jurídica para
nuestras escapadas !!!