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Historias de sabios...
Algo que
caracteriza a los grandes pensadores es su capacidad de atención.
Cuando afirmamos que son despistados es porque no hacen caso de
lo que les decimos; tienen su mente ocupada en otros menesteres.
Las dos historias que vienen a continuación
son un fiel reflejo de lo que hemos apuntado.
Ampere y la fiesta.
Cuentan que Ampere, el famoso
físico, dio en cierta ocasión, en compañía de su mujer, una
fiesta. Cuando aún estaban en los preparativos, la mujer se
acercó a su marido y le dijo: "Cámbiate la corbata. No
te hace juego con la camisa".
Ampere subió a la habitación.
Después de una hora, con la fiesta en su apogeo, aún no había
bajado. La mujer, preocupada, se acercó al dormitorio para ver
lo que pasaba. Al llegar se encontró con su esposo placidamente
dormido en la cama, con el pijama puesto.
¿Qué había pasado? Cuando se quitó
la corbata, sin saber lo que hacía, siguió desnudándose. Se
puso el pijama y se acostó. Su mente estaba en otro lugar. Tal
vez ocupada en el análisis de la circulación de la corriente
eléctrica.
Norbert Wiener y el cambio de casa.
Estaba previsto que al cabo
de un mes el profesor Wiener y su familia cambiasen de casa. Su
mujer, que conocía perfectamente la cabeza de su pareja,
comenzó a recordarle todos los días, antes de que su marido
saliese para clase, los avatares de la mudanza: "Norbert,
acuérdate que dentro de treinta días nos cambiamos de casa y
que, cuando salgas de la universidad, no tendrás que coger el
mismo autobús sino el que te llevará a la zona de nuestra
nueva morada". "Si querida", respondía
Wiener.
Así día a día, la paciente
esposa, advirtió a su marido del cambio. "Hoy es el día".
- le indicó - "Recuerda que debes subir, al salir de
clase, al autobús que te llevará a nuestra nueva casa".
"No te preocupes. Adiós, querida".
Claro está, al salir de la
universidad, Norbert cogió el autobús de siempre. Llegó a su
antigua casa y al bajar se dio cuenta que ya no vivía en aquel
lugar. Como no sabía ir, desde allí, a su nueva casa,
cogió de nuevo el autobús que le llevaba todos los días a la
universidad. Se bajó y esperó a que llegase el otro. Se subió
y llegó a la zona residencial que albergaba su nueva vivienda.
Al bajar se encontró con una gran número de chalés y no fue
capaz de identificar el suyo. Empezó a dar vueltas. Se estaba
haciendo de noche y todavía no había encontrado su hogar.
Perdido, se acercó a una niña que iba por la calle y le dijo:
"Perdona. ¿No sabrás dónde viven los Wiener?".
"Si papá, venga, te llevo a casa".
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