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Existe la posibilidad de que se pierda en el laberinto de
2.000 puertas, 160 habitaciones, 40 escaleras, pasillos secretos y torres. La
propietaria de la mansión, Lady Winchester, quiso confundir con tan intrincada
construcción a los malos espíritus que pretendían atentar contra su vida.
La extraña residencia atrae visitantes durante todo el año. Los más valientes se
atreven a ir los viernes 13 o el día de Halloween (31 de octubre), armados con
una linterna. Con sus balcones angulosos, sus techos colorados
y sus ripias de madera amarillas, la enorme residencia victoriana se asemeja más
a un castillo de lujo que a una casa encantada. Stephen King,
autor de numerosos bestsellers de horror, se inspiró en esta casa en el corazón
de Silicon Valley para una de sus novelas. Detrás de la fachada ricamente
adornada se esconde la trágica historia de una mujer, que por miedo a una muerte
temprana cayó en la locura de construir y construir. Sarah
Winchester era la esposa del magnate de las armas William Winchester, cuyo padre
inventó la famosa arma. Gracias a ella, el dinero no faltaba, pero la felicidad
familiar duró muy poco. En 1866 murió la única hija del
matrimonio, de apenas un mes. Quince años después, el marido falleció de
tuberculosis. La joven viuda, que se sentía atraída por las fuerzas ocultas,
pidió consejo a un medium: le dijo que mientras la casa estuviera en obras no se
moriría. Durante 38 años, Lady Winchester siguió el consejo. A
partir de 1884 se construyó día y noche durante todo el año. Hasta su muerte en
1922, a los 82 años, la mujer no dejó de añadir escaleras, habitaciones y
pasillos. Estaba firmemente convencida de que los espíritus de
los numerosos muertos que habían fallecido a causa de las armas Winchester se
querían vengar en su persona. Pero a través de los curiosos
trucos arquitectónicos pretendía engañar a los visitantes nocturnos. Así, hay
escaleras que terminan en techos. Puertas que llevan a abismos. O pasillos
infinitamente intrincados. |