|
Agobiado, el norteamericano John Freyser vendió “todo” en
e-Bay y salió de viaje por el mundo en busca de sus cosas. Ganó dinero,
notoriedad y amigos. Pero no resolvió sus problemas. Tal
vez no lo tengamos en cuenta, pero algunos objetos personales que atesoramos
tienen efectos imposibles de ser calculados. Sin embargo, suele suceder que, un
día cualquiera, muchos de nosotros descubrimos que nuestras vidas se han
convertido en una suma de recuerdos pegajosos y empastados, en un archivo muerto
y apagado. Y, al cobrar conciencia, sólo unos pocos toman la decisión de dejarlo
todo. Eso hizo John Freyser, quien decidió poner todas sus pertenencias en
venta. Tenía 28 años, una carrera brillante como estudiante recién egresado de
la Universidad de Iowa, Estados Unidos, y hasta estaba enamorado. Pero se sentía
descontento, asfixiado y no entendía por qué. Hasta que descubrió que el
problema estaba en casa, que convivía con él.
Lo que lo aplastaba eran todas las cosas que había acumulado en su vida;
demasiadas cosas y demasiados recuerdos. Entonces, se preguntó: “¿Son las cosas
las que me definen como persona? ¿Son ellas la certificación de mi identidad?
¿Lograré sobrevivir si renuncio a todas mis pertenencias?” Le llevó cinco
minutos hallar la respuesta: “Voy a probar”. Al día siguiente, puso en venta
toda su vida, todas sus cosas. Sus amigos pensaron que se trataba de otra de sus
excentricidades, aunque hubo quien llegó a pensar que tramaba suicidarse.
Freyser vendió todo, o casi todo, a través de Internet, en el famoso sitio de
subastas online e-Bay: empezando con una base de un dólar, remató 600 objetos,
por los que recaudó 6.000 dólares.
Entonces, mediados de 2000, su historia se hizo bastante conocida: durante un
año, Freyser dio que hablar; lo entrevistaban de aquí y de allá, aparecía en los
diarios más prestigiosos del mundo. Pero hay una parte de su historia que no
salió a la luz y que merece ser contada, al menos para Freyser, quien está a
punto de publicar un libro titulado “All My Life For Sale” (“Toda mi vida en
venta”). Tras haber vaciado su departamento, decidió seguir el rastro de quienes
habían comprado los objetos que definían su vida y salió a recorrer el mundo
para conocer a sus “herederos” y averiguar quién tenía sus discos favoritos.
Así, “All My Life For Sale” (www.allmylifeforsale.com)
se convirtió en un catálogo, una biografía, un diario y una “profunda” reflexión
sobre el significado de los objetos y lo que pasa cuando los dejamos partir.
Freyser dice que, entre otras cosas, se hacen nuevos amigos. En el sitio
www.temporama.com,
reunió las crónicas de sus viajes en busca de los objetos vendidos y llegó a la
conclusión de que, comerciando, no sólo se intercambian bienes sino, también,
cultura. “Entendí que el intercambio de objetos es, en realidad, un intercambio
de ideas”, dice. Hoy, el sitio y el libro, que en estos días saldrá a la venta
en los EE.UU., le aportan ideas para sus proyectos como artista digital. Sin
embargo, no le resolvieron sus problemas ni cumplieron el sueño prosaico que
confiesa haber tenido al emprender este viaje: “Liberarme un poco, hacer
limpieza...” Porque la moraleja de esta historia, concluye Freyser, es que nunca
olvidará ninguna de sus cosas. “Seguirán atormentándome durante toda la vida”,
dice. |