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Autor:
Paco Albiac
I heard the sound of a thunder, it roared out a warnin',
Heard the roar of a wave that could drown the whole world, Heard one hundred
drummers whose hands were a-blazin', Heard ten thousand whisperin' and nobody
listenin', Heard one person starve, I heard many people laughin', Heard the song
of a poet who died in the gutter, Heard the sound of a clown who cried in the
alley, And it's a hard, and it's a hard, it's a hard, it's a hard, And it's a
hard rain's a-gonna fall. (Bob Dylan. A hard rain's a-gonna fall) |
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Decía el filosofo que los hombres se distinguen de los animales en que estos
últimos no tienen conciencia de la muerte, el futuro no existe para ellos,
mientras que nosotros los seres humanos vivimos arrinconados por los temores que
nos acarrea la conciencia de ser, no estamos seguros de nada a pesar de
que las religiones por ejemplo se empeñen en ofrecernos la promesa de la
trascendencia del alma. Mientras si mientras no, lo que tenemos es en donde
estamos embarcados ahora, pero por otro lado nos queda esa zozobra supersticiosa
que nos impide disfrutar plenamente de lo que realmente poseemos. Pasamos por la
vida inmersos en un mar de contradicciones.
Así es que el hombre aturdido por sus temores se vuelve mezquino e hipócrita,
pregona la tolerancia, la compasión, la vida y se esfuerza en arrinconar a todo
aquel que interfiera en su atesorar. Como la señora que le rezaba a Dios que en
caso de un terremoto preservara su vida y que se murieran los otros. No queremos
perder lo que tenemos, y si para ello el de al lado debe acabar perjudicado,
pues ¡que se le va a hacer! El sufrimiento sólo nos afecta cuando nos hiere pero
nos deja indiferentes cuando arremete contra el prójimo.
Es por eso que estos días en los que nosotros los ciudadanos de a pie nos vemos
atosigados por cantidades ingentes de información con el propósito de seducirnos
y llevarnos una vez más al convencimiento de que efectivamente existen los
buenos y los malos y que debemos elegir donde nos queremos situar, cuando la
brutal realidad es precisamente que a causa de nuestros miedos cotidianos no nos
importa que las guerras estallen a nuestro alrededor siempre y cuando no nos
salpique a nosotros, y que lo de los buenos y malos es simplemente una falacia
más de las tantas con las que los directores nos aturden, “como está mandado”.
A veces se me ocurre pensar si no seria bueno para el hombre desarrollar una
pizca de animalidad que nos eximiera un poco de las incertidumbres de lo por
venir y así ser capaces de desarrollar un algo mas de compasión hacia los demás. |
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