que los usa el monago
de campanilla.
Los cojones del cura
de San Segundo
que no los hay iguales
en todo el mundo.
Los cojones del
cura
de Tarancón,
que abulta cada uno
como un melón.
Los cojones del cura
de Valdemoro
que los cuida su dueño
como un tesoro.
Los cojones del cura
de Villalpando,
los llevan cuatro bueyes
y van sudando.
Al cura de Villarejo
de Salvanés,
le llegan los cojones
hasta los pies.
El cura de Morata de
Tajuña
se rasca los cojones con la uña,
pero en cambio el de Arganda
se pisa los cojones cuando anda.
¡Rediós, y que locuras
hacen con los cojones estos curas!