Absoluto, adj. Independiente, irresponsable. Una
monarquía absoluta es aquella en que el soberano hace lo que le place, siempre
que él plazca a los asesinos. No quedan muchas: la mayoría han sido reemplazadas
por monarquías limitadas, donde el poder del soberano para hacer el mal (y el
bien) está muy restringido; o por repúblicas, donde gobierna el azar.
Circo, s. Lugar donde se permite a caballos, “ponies” y elefantes
contemplar a los hombres, mujeres y niños en el papel de tontos.
Delegado, s. Pariente de un funcionario. El delegado es, por lo
general, un bello joven con una corbata roja y un intrincado sistema de
telarañas que bajan de su nariz a su escritorio. Cuando el ordenanza lo golpea
accidentalmente con la escoba, despide una nube de polvo.
Doncella, s. Joven del sexo desagradable, de conducta imprevisible y
opiniones que incitan al crimen. El género tiene una amplia distribución
geográfica: se encuentra a la doncella donde quiera se la busque, y se la
deplora donde quiera se la encuentre. No es totalmente ingrata a la vista ni
(prescindiendo de su piano y de sus ideas) insoportable al oído, aunque en
punto a belleza es netamente inferior al arco iris, y en lo que toca a su
parte audible no admite comparación con el canario, que por añadidura es más
portátil. Dos veces, adv. Una vez de más.
Éxito, s. El único pecado imperdonable contra nuestros semejantes.
Filosofía, s. Camino de muchos ramales que conduce de ninguna parte a
la nada.
Gramática, s. Sistema de trampas cuidadosamente preparadas en el camino
por donde el autodidacto avanza hacia la distinción.
Humildad, s. Paciencia inusitada para planear una venganza que valga la
pena.
Intérprete, s. El que permite a dos personas de distinto idioma
comprenderse, repitiendo a cada una lo que convendría al intérprete que dijera
la otra.
Justicia, s. Artículo más o menos adulterado que el Estado vende al
ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales.
Lunes, s. En los países cristianos, el día que sigue al partido de
béisbol.
Monarca, s. Persona que se ocupa de reinar. Antiguamente el monarca era
el único amo, como lo indica la etimología de la palabra y como aprendieron, a
costa de sí mismos, muchos súbditos. En Rusia y Oriente el Monarca retiene
todavía una considerable influencia en los asuntos públicos y en el destino
final de las cabezas humanas, pero en Europa Occidental la administración
pública corre por cuenta de los ministros, mientras el monarca reflexiona
sobre el destino de su propia cabeza.
Newtoniano, adj. Perteneciente a la filosofía del universo inventada
por Newton, quien descubrió que una manzana siempre termina por caer al suelo,
aunque no pudo explicar por qué. Sus sucesores y discípulos han progresado
tanto que son capaces de decir cuándo.
Oratoria,
s. Conspiración entre el lenguaje y la acción para defraudar al entendimiento.
Tiranía atenuada por la taquigrafía.
Placer, s. La
forma menos detestable del tedio.
Prójimo, s. Aquél a
quien no está ordenado amar como a nosotros mismos, pero que hace todo lo
posible para que desobedezcamos.
Rito, s. Ceremonia
religiosa o semirreligiosa establecida por la ley, el precepto o la costumbre,
de la que se ha estrujado meticulosamente el aceite esencial de la sinceridad.
Soga, s. Instrumento que va cayendo en desuso, para recordar a los
asesinos que ellos también son mortales. Se coloca alrededor del cuello y
acompaña al usuario hasta el fin de sus días. En muchos sitios ha sido
reemplazada por un artefacto eléctrico, más complejo, que se aplica a otra
parte del cuerpo; pero este sistema, a su vez, está siendo rápidamente
sustituido por un aparato llamado “sermón”.
Tregua,
s. Amistad.
Voto, s. Instrumento y símbolo de la
facultad del hombre libre de hacer de si mismo un tonto y de su país una
ruina.