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Comienza hablándonos de su
viaje a Sevilla en el Ave para dar una conferencia. Nos dice: La idea
era sencilla e impactante: El terrorismo de red es la patología del
siglo. La manifestación perversa de la potencia de las redes. El lado
oscuro del nuevo mundo.
Con un título de capítulo un poco críptico para los ciudadanos de a pie,
La desubjetivación del debate español, nos cuenta, justo
al principio: Buena parte de la ciudadanía, por no decir de los
articulistas, ha pensado o incluso explicitado que si España no hubiera
apoyado la invasión de Irak, nunca habría habido un atentado integrista
en nuestro suelo. Es de nuevo la teoría del justo castigo, ahora
aplicada no ya a EEUU sino a nosotros mismos. Una doctrina sumamente
peligrosa porque sigue dejándonos indefensos frente a la amenaza del
terrorismo de red mientras implícitamente señala la responsabilidad del
asesinato en aquellos conciudadanos que apoyaron al Gobierno en nuestra
intervención en Irak.
Relata: ETA ha vuelto a matar en Madrid... porque tiene que
ser ETA, decía la presentadora del Telenoticias de Telemadrid,
confesando la necesidad de que el enemigo tuviera una cara familiar. El
horror del 11M es tal que todos en España, desde los servicios de
Inteligencia a la presidencia del Gobierno necesitaban un punto de
arranque desde el que entender qué estaba pasando. ETA es un enemigo
conocido frente al que se sabe que hay que hacer. Es “nuestro” cáncer.
Expone su teoría sobre la tipología del atentado: Estructuralmente el
atentado ha sido, como el 11S, un hacking al sistema público de
transportes. Los terroristas han entrado en la red ferroviaria usando su
propia estructura para colapsar el sistema maximizando el número de
bajas. Sólo un error de nuestra propia red, el retraso de dos minutos de
un tren, evitó que la matanza fuera aún mayor y culminara con la
demolición de la estación de Atocha.
Y habla de lo nuevo, lo revolucionario, lo inesperado, lo que nadie
sospechaba: Desde el primer momento, la red de telefonía móvil y
sobre todo el SMS (los servicios de voz se colapsaron en el centro de
Madrid) permitieron la emergencia de una red "espontánea" de voluntarios
que donaron sangre, socorrieron a las víctimas y enfrentaron las
consecuencias del atentado con una masividad y agilidad impensables
desde los medios del Estado, escuetos ante tanto horror. Internet
multiplicó por ocho su uso y el listado de heridos del Ministerio del
Interior sirvió para que desde toda España las familias buscaran a
amigos, hijos y familiares.
Con una exposición clara, concisa y relevante sigue exponiendo sus ideas
y reflexiones. Estas son sus consideraciones finales: El 11M
representa el fin de una época. Nuestro bautizo de sangre en la Sociedad
Red. No hay vuelta atrás. Como hemos defendido en esta serie, la única
forma efectiva a medio plazo de enfrentar los nuevos peligros, es
sumergirse hasta el fondo en el nuevo mundo, alentar la construcción de
redes sociales, definirnos como nación red. Las tecnologías que han de
marcar esta nueva etapa son precisamente aquellas que llevan el concepto
de red social hasta el último rincón de nuestras vidas: abiertas y
distribuidas, móviles y libres. El desarrollo de las libertades
individuales en organizaciones abiertas será el único triunfo que cabrá
esperar en esta guerra y el único medio de alcanzarlo. Una nueva
generación debe protagonizar las transformaciones que necesitamos y
reorganizar el mundo tal como somos, como una enredadera y no como un
árbol. |