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La vejez es ese periodo de tiempo que una persona inicia
cuando, al llegar a una cierta edad, habitualmente la de su
jubilación, cambia sus actividades, al dejar de trabajar. El
individuo, debido al desgaste de toda una vida, va sufriendo
un paulatino deterioro físico que no tiene por que
reflejarse en una pérdida de sus capacidades intelectuales.
La actitud ante la vida, del viejo, va a depender en gran
medida de su ilusión por seguir viviendo.
Según algunos
expertos existen una serie de mitos y prejuicios que afectan
a las personas ancianas. Estos son los más destacados:
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El mito del envejecimiento cronológico. Los
individuos se valoran por el número de años que han
vivido. Sabemos que esto no es o no debe ser así. Que
una persona de edad puede tener un espíritu joven, que a
fin de cuentas es lo que le mantiene vivo.
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El mito de la improductividad. La creencia
general es la de que el anciano es un ser incapaz de
producir, pero esto también es falso. De hecho la
historia está salpicada de personajes que han dado
muestras de sus capacidades creativas, de trabajo, a
edades avanzadas. La improductividad hay que buscarla en
la enfermedad; la buena salud es fundamental para vivir
con ilusión y, en consecuencia, mostrar la capacidad de
innovación.
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El mito de la inflexibilidad. Se dice que los
ancianos no son capaces de adaptarse a los nuevos
tiempos, a las situaciones nuevas. Que su
intransigencia, su falta de flexibilidad, se lo impide.
Es el carácter del individuo el que determina la
adaptación a las modernidades.
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El mito de la falta de compromiso. No tienen
por que ir relacionados envejecimiento y desvinculación.
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El mito de la selenidad. La pérdida de
memoria, la disminución de la capacidad de atención, el
confusionismo, son aspectos íntimamente relacionados con
el desgaste y deterioro del sistema nervioso. Es normal
que el anciano padezca estos males; son muchos los años
vividos y es normal la decadencia.
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El mito de la serenidad. Las personas mayores
están sometidas a tensiones que no se sufren en otras
edades: jubilación, soledad, abandono, enfermedades...
La ansiedad, la angustia, la depresión, los estados de
tristeza, acompañan sus días. El anciano trata de
disimular sus inquietudes con una apariencia serena. La
pena, la depresión, la ansiedad, se esconden bajo una
careta de desinterés, de tranquilidad aparente, de
serenidad.
Nota importante: Recuerda que tú algún día puedes
también ser viejo. |