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Entra dentro de lo estrambótico. Parece una escena de una
obra de
Ramón María del Valle Inclán. Pero puede ser real,
porque las abuelas son así: ingenuas y con un alto afán
didáctico. ¿Y los nietos...? Los nietos son terribles.
Disfrutan con la candidez de su abuela, no les importa que
caiga en el ridículo.
No he querido renunciar a compartirlo con todos vosotros.
Como otros muchos artículos publicados en esta sección, lo
he recibido en mi correo. Gracias al remitente. Desconozco
quien es el autor o autora. |
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Querido nieto:
El otro día tuve una experiencia religiosa muy buena, que
quiero compartir contigo. Fui a la librería cristiana y allí
encontré una pegatina para el coche que decía:
"TOCA LA BOCINA SI AMAS A DIOS"
Dado que había tenido un día muy malo, decidí comprarla y
pegarla en el parachoques de mi coche. Al salir conduciendo,
llegué a un cruce de dos avenidas que estaba muy complicado,
con muchos coches. La temperatura exterior era de 37 grados
y era la hora de salida de las oficinas. Allí me quedé
parada, porque la luz estaba roja, pensando en el Señor
y como Él es bueno. No me di cuenta que la luz se
había puesto verde, pero descubrí que muchos otros aman al
Señor porque inmediatamente comenzaron a sonar las
bocinas.
La persona que estaba detrás de mi auto era sin duda muy
religiosa, ya que tocaba la bocina sin parar y gritaba:
DALE, POR EL AMOR DE DIOS
Dirigidos por él, todos hacían sonar la bocina. Yo les
sonreí y los saludaba con la mano a través de la ventanilla.
Vi que otro muchacho me saludaba de una manera muy
particular levantando solo el dedo medio de la mano. Le
pregunté a otro de mis nietos, que estaba conmigo, que
quería decir ese saludo. Me contestó que era un saludo
Hawaiano de buena suerte. Entonces yo saqué mi mano por la
ventana y saludé a todos de la misma manera. Mi nieto se
doblaba de la risa, supongo que por la bella experiencia
religiosa que estaba viviendo.
Dos hombres de un coche cercano, se bajaron y comenzaron a
caminar hacia mi coche, creo que para rezar conmigo o para
preguntarme a que templo voy. Pero en ese momento fue que vi
que la luz estaba verde. Entonces saludé a todos mis
hermanos y hermanas y pasé la luz.
Luego de cruzar, noté que el único coche que había podido
pasar era el mío, ya que la luz volvió a ponerse en roja, y
me sentí triste de dejarlos allá después de todo el amor que
habíamos compartido.
Por lo tanto, paré el coche, me bajé, los saludé a todos con
el saludo hawaiano por última vez y me fui.
Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y mujeres. |