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Se llama ortorexia, y cada vez son más
las personas que tienen esta enfermedad alimentaria. Se
dejan influenciar, tal vez, por las noticias que hablan de
la obesidad y de los problemas que entraña, y se pasan al
extremo opuesto. En realidad no es una auténtica enfermedad,
es un trastorno alimentario que provoca una obsesión: comer
sano. Se puede encuadrar en el mismo grupo de la bulimia, la
anorexia o la vigorexia. Interfiere de manera negativa en la
vida de la persona que la padece. Deteriora la salud física
y mental. Las personas que la padecen centran toda su vida,
su actividad diaria, en diseñar lo que van a comer. Todo lo
demás es superfluo. Lo importante es la comida, su comida. |
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Al renunciar a una gran cantidad de
alimentos, su salud se ve enormemente afectada. Debido a la
carencia de vitaminas y de calcio pueden tener osteoporosis
e hipotensión. No confundamos esta enfermedad o trastorno
con el ayuno, algo que una persona hace conscientemente para
tratar de bajar unos kilitos.
Entre los síntomas que afectan a los
que padecen ortorexia, aún no totalmente contrastados por
los especialistas, podemos señalar:
- Entretenerse una gran parte del día pensando en lo
que van a comer. Su tiempo, cuando la mente no está
ocupada en labores profundas, se pierde en la
planificación de la comida de ese día y del siguiente, y
hasta la de la semana.
- Excesiva preocupación por seleccionar alimentos de
calidad para su alimentación. Alimentos que, claro está,
deben estar dentro de un reducido campo, el que la
persona considera como sano.
- Rechazo total a las carnes, las grasas, los
productos vegetales tratados con pesticidas o
herbicidas, y a los alimentos que no tienen una
procedencia natural.
- Pérdida de la calidad de vida por el incremento de
su obsesión.
- Búsqueda, cada más desesperada, de alimentos que
satisfagan sus necesidades.
- Negarse a comer fuera de casa para no vulnerar sus
principios.
- Distanciamiento de amigos y familiares, ya que éstos
les obligarían a romper su dieta, sus hábitos
alimentarios.
- Propensión a la irritabilidad y a la amargura,
provocada por el aislamiento. La falta de afectividad
provoca un aumento en la obsesión. Cada vez más la
comida es el centro de su vida.
Las personas que padecen esta
enfermedad son muy exigentes consigo mismo y con los demás.
Intentan obligar a los que les rodean a que coman lo mismo
que ellas comen. Son más vulnerables, y por consiguiente son
las más afectadas, las mujeres. Entre la deportistas hay
varias afectadas.
Existe, en estas personas, una búsqueda
de la perfección, tal como ocurre en un anoréxico o en un
bulímico. Los resultados, al ir avanzando en la enfermedad,
son en muchos casos irreversibles. Se puede llegar a un
proceso creciente de desnutrición, a la anemia, a la pérdida
de principios orgánicos primordiales, como las vitaminas y
los minerales. El riesgo de infecciones aumenta.
Ante los primeros síntomas hay que
atacar el problema de raíz. No se puede dejar que el tiempo
actúe y produzca males que no permitan una vuelta atrás. Es
fundamental cubrir siempre las necesidades nutricionales,
hay que comer de todo. Buscar siempre una dieta equilibrada.
Los alimentos rechazados deben irse incorporando
paulatinamente a la dieta.
Tal vez sea necesaria una ayuda
psicológica para la persona que padece la enfermedad. Ayuda
que ella misma debe reclamar o, si no es consciente de ello,
deben proporcionar sus allegados. |