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Es ahora el momento, aunque cualquier
instante es bueno, de recordar esta Carta de una niña a
la Asociación Mundial de Educadores Infantiles. Lo digo
porque estamos a finales de agosto y el mes que viene
comienza un nuevo curso. Seguro que nos va a servir para
reflexionar. No sólo a los que nos dedicamos a la educación
sino a todos los que soportan la difícil labor de convivir
con niñas y niños. Son varias las lecturas que se pueden
hacer de esta carta, pero hay una que es clara y precisa: en
la educación no debe haber imposiciones ni abandonos, hay
que marcar el camino, indicar la ruta, y alimentar al
caminante con cariño, con amor, con esperanza. Hay que
corregirlo en sus desvaríos y sugerirle, utilizando lo que
nos aportado la experiencia, lo que es lo mejor para él y
para todos, enseñarle lo que todavía no sabe. Sin
imposiciones, animándolo a que lo descubra por si mismo. |
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Queridos amigos:
Soy una niña. Tengo un hermano. Me
llamo Esperanza, pero no sé la edad que tengo. Mejor, creo
que tengo todas las edades de mi infancia. Cuatro meses en
el vientre-piscina de mi madre, o tal vez, ya diecisiete
meses a pleno pulmón respirando ese aire tan denso que me
habéis preparado; o cuatro años y medio y ya frente al
ordenador, precozmente estimulada, como os he oído decir,
para que el tiempo (¿Qué tiempo?), no pase en balde.
Cualquier edad vale imaginar para que os hable.
Me alegro mucho saber de vuestra
asociación, ¡cómo no!, relacionados y preocupados por hacer
el bien, por acertar, por contaros experiencias y saberes.
Decíroslo todo, en torno a nosotros, a mí y a mi hermano.
Todo es una gran noticia, una buena
empresa, un camino de luz en el bosque enmarañado de la
ignorancia y de los errores.
Amigos, educadores, que me cuidéis, que
me améis. No me deis cosas, juegos, distracciones. Os
necesito a vosotros. Vuestra sonrisa, vuestra mirada,
vuestra caricia, vuestra voz y vuestra palabra, vuestra
confianza, vuestro modelo y vuestro entusiasmo. No me
contéis cuentos, contadme vuestra alma. No olvidéis que soy
casi nada. Indefensa, torpe, inacabada por todos los
costados, sin vuestro amor, nada.
En los últimos tiempos, parece que
ocurren cosas algo raras en el escenario de la vida
cotidiana. De eso, he oído a mis padres parlotear en casa.
Que si el trabajo, que si la gran ciudad, que si las prisas,
que si la guardería. Que me tienen que estimular, que puedo
y debo aprender lenguas, que si el ordenador, que si el
violín es cosa comida con el método de un japonés que se
llama como la moto de mi tío Benito... No sé, aun he oído
algunas cosas más. Veo, que hay algo, como enredadillo.
Recuerdo que mi abuela me ha contado ya
algunos cuentos de sus tiempos. ¡Y qué bonitos! ¡Cuánta
magia, juegos, vida, luz y bonanza!
Amigos, educadores, estimuladme pero no
os paséis; no me hagáis curricular, globalizado y evaluable,
pronto, antes de tiempo; podéis traicionar la fuerza
original de la vida; no me traigáis signos artificiales,
herramientas útiles y criterios de rentabilidad; podéis
estar sembrándome enfermedades del alma y, luego, no habrá
magia que pueda reorganizar lo que dejasteis en mi, maldad
de una tacada; complementad pero no sustituyáis la sonrisa,
la mirada, la voz y la palabra de mi madre y de mi padre,
germen inolvidable de mi yo y de mi esperanza.
Se que así, unidos y comunicados, puedo
esperar para mi, para mi hermano y para todos los otros
niños del mundo, lo mejor de vuestra profesión y de vuestra
gracia, estimulación respetuosa y adecuada, que alimente y
reproduzca en mí los mejores sentimientos que son raíz de
belleza y bonanza, búsqueda de mi alegre plenitud para ser
más humana, no sólo para rendir mejor en el hacer de la vida
económica, contacto constante con lo más auténtico de
nuestras vidas y de las cosas que nos rodean. olvidándonos
de las utilidades y manipulaciones convenientes, deseo de
ser auténticos, directos y claros y atender a todo lo que
nos rodea y nos enmarca.
Gracias y buen trabajo. Os esperamos la
infancia del mundo ilusionado. Ánimo y el mejor abrazo de
una infancia esperanzada.
Carta leída en la UNESCO |