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El tamaño no es lo importante


¿Qué es un planeta? La pregunta no es menuda, aunque sí algo arbitraria (¿Qué es una región? ¿Qué es una época?). Desde ya, no se trata sólo de tamaño, ni alcanza con girar alrededor del Sol. En las definiciones, como siempre, pesa enormemente la tradición, y los planetas que hoy conocemos fueron heredados, como casi todo lo demás, de la cultura griega. “No hay nada valioso, bello o importante que no se haya dicho alguna vez en griego”, decía Marguerite Yourcenar.

La misma palabra planeta es griega y significa “errante”, aunque antes que los griegos, los egipcios y los babilonios observaron que, mientras las estrellas están fijas a la bóveda celeste (esto es, están en el mismo lugar noche tras noche y año tras año) algunos astros no conservan esa posición fija, sino que se mueven respecto al fondo de las estrellas. Los antiguos conocían siete (la Luna, el Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno). El gran astrónomo Aristarco de Samos (350-320 a. de C.) hizo la primera estimación rigurosa de la distancia a la Luna de 384.000 kilómetros (cifra extraordinaria, ya que la distancia que hoy se calcula con láseres y toda la parafernalia es de 384.317,2 kilómetros, o sea que Aristarco se equivocó en menos de la distancia entre Buenos Aires y Mar del Plata).

En 1543, Copérnico inició la gran reforma de la astronomía, determinó que el Sol y la Luna dejaban de ser planetas y estableció un nuevo orden en el sistema solar: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. En 1781 el astrónomo William Herschel vio, a través de su inmenso telescopio, un objeto que se desplazaba noche a noche más allá de Saturno. La idea de que los planetas eran seis estaba tan arraigada que Herschel primero catalogó al objeto como un cometa, pero luego hubo que admitir que era un planeta, el primero que, después de dos mil años, se agregaba al sistema solar: Urano.

Después, vino un acontecimiento inesperado: en 1801, el astrónomo italiano Giuseppe (nombre que puede traducirse aproximadamente por José) Piazzi (1746-1826) descubrió un pequeño “planeta” cuya órbita estaba entre Marte y Júpiter, que bautizó con el nombre de Ceres. Luego, siguieron más de estos pequeños astros, que forman un cinturón entre Marte y Júpiter y en uno de los cuales Saint Exupéry ubicó un siglo más tarde al Principito. Y la consecuente discusión sobre si eran o no “planetas”. Por un lado, giraban alrededor del Sol, por otro lado eran demasiado chicos, y hasta podrían provenir de un antiguo planeta que se fragmentó, o que no llegó a formarse, cuando se condensó el sistema solar. ¿Eran o no eran? Finalmente se transó en “asteroides”.

Entretanto, Urano fue estudiado minuciosamente, y ocurrió algo interesante: aparecía un poco desplazado; no estaba donde debía estar según las gloriosas leyes de la mecánica celeste. En 1846, el astrónomo francés Jean Leverrier tomó cartas en el asunto, y supuso que más allá de Urano existía otro planeta aún no descubierto, cuya influencia gravitatoria perturbaba la órbita del astro de Herschel. Leverrier calculó qué tamaño debería tener ese planeta hipotético, y cuál tendría que ser su posición. Después escribió a Johann Gottfried Galle, del Observatorio de Berlín y le pidió que el 23 de septiembre de 1846 dirigiera su telescopio hacia determinado lugar del cielo. Y allí estaba el nuevo planeta, al que se llamó Neptuno, cuyo descubrimiento, no por observación, sino por el cálculo, fue uno de los hechos más notables de la historia de la ciencia y una confirmación espectacular del sistema newtoniano.

Pero Neptuno no explicaba todas las anomalías de Urano, sino casi todas. Era fácil inferir que debía haber un planeta más y se empezó a buscarlo activamente. Recién en 1930 Clyde Tombaugh anunció el descubrimiento de Plutón. Pero ... ¿Plutón es un planeta? A veces, parece no tener la suficiente envergadura planetaria: es más chico que nuestra Luna. La polémica empezó a acelerarse en los últimos años, entre los plutonistas (no confundir con los sostenedores del plutonismo geológico) y los antiplutonistas que quieren quitarle a Plutón su status. ¿Y este nuevo muchachito anunciado por la NASA? ¿Es un planeta o no es un planeta? Como siempre, el anuncio responde a la peculiar estrategia de prensa del organismo norteamericano: manifiestan sus dudas, pero lo hacen de tal modo que los medios de comunicación de todo el mundo lo levanten como “el décimo planeta”. Aunque, como dice el viejo refrán, “para figurar en la lista como planeta no basta con serlo. Hay que merecerlo”.

 Leonardo Moledo  
Página 12/WEB

 

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