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Los tuareg son uno de los pueblos africanos cuya vida ha estado
rodeada de más mitos, y su existencia nómada superior a los mil años
los han convertido en una leyenda en el desierto del Sahara, el
mayor del mundo.
Esta tribu es de raza berebere, pero con abundante mestizaje con
negros sudaneses. Se caracterizan por poseer una elevada estatura,
piel morena y ojos oscuros. El sobrenombre de 'hombres azules' es
debido al color añil del velo que les cubre la cabeza y el rostro, y
les impregna esa tonalidad en la cara.
El territorio que históricamente ha sido el hábitat tradicional de
los tuareg, el Azawad, comprende amplias extensiones en el sur de
Argelia y Libia, oeste de Níger, norte de Burkina Faso y este de
Mali.
La historia de los tuareg sólo es conocida por los textos de
antiguos cronistas árabes que los ubicaron originariamente en el
norte de África. Después se fueron desplazando paulatinamente hacia
el desierto del Sahara.
En el siglo XV se convirtieron a la fe musulmana, aunque aún
mantienen numerosas creencias animistas y han desarrollado una
cultura nómada basada en el pastoreo y en el comercio, pero nunca
han cristalizado en forma de entidad política centralizada.
Hasta el siglo XIX, los tuareg no conocían las fronteras nacionales
y desarrollaban su actividad ganadera y comercial libremente en la
inmensa región de 1.5 millones de kilómetros cuadrados.
Comerciantes y ganaderos trashumantes, los 'hombres del velo' eran
los únicos capaces de surcar el desierto uniendo los mercados del
Sahel africano con las ciudades árabes del Mediterráneo.
Todo comenzó a cambiar con el proceso de independencia en África.
Las grandes caravanas que reinaban en esas tierras desérticas fueron
desapareciendo prácticamente a causa de problemas aduaneros,
políticos y fronterizos. La cultura ganadera y comercial ha sido
casi sustituida por una vida sedentaria.
Actualmente los tuareg viven fragmentados en pequeñas tribus,
diseminados por la región en cuatro grupos que se corresponden con
otros tantos macizos en el corazón del Sahara: el Hoggar y el
Tassili, en Argelia; el Air, en Níger; y el Adrar, en Mali.
El núcleo mínimo de organización social de los tuareg es el
campamento, compuesto habitualmente por unas cinco o seis familias.
La sección agrupa entre 10 y 20 campamentos. El grado mayor de
organización es la confederación, que unifica a varias secciones
bajo la dirección de un líder.
La mujer
Las féminas tuareg están muy liberadas. De fuerte tradición
matriarcal, la sociedad es monógama y otorga a las mujeres el
derecho sobre cuestiones amorosas y llevar las riendas del hogar. A
diferencia de los hombres, ellas tienen el rostro descubierto y
atrasan el casamiento todo lo que pueden para mantener su
independencia.
Acompañan a las caravanas, se encargan de la educación de los hijos
y son depositarias y transmisoras de las tradiciones, la cultura y
el alfabeto tuareg, el titinah, que no posee expresión literaria.
El traje de los hombres consiste en una gran túnica (jehab), de
color generalmente blanco y pantalones anchos que se sujetan con un
cinturón de cuero repujado.
El turbante o lithan es una pieza de tela de cuatro metros que se
enrolla a la cabeza y cubre la cara, dejando sólo los ojos a la
vista. El embozo sirve para mantener la humedad en el desierto.
El estilo de vida nómada permite acumular pocos objetos y exige que
estos sean útiles y ligeros. La artesanía tuareg es por consiguiente
pobre y poco elaborada. La mayor parte de las piezas son de cuero
teñido y cortado en tiras, con el que las mujeres fabrican y decoran
cinturones, bolsas, látigos y sillas de montar.
Cada tienda, que constituye su hogar, está construida con unas 20 o
30 pieles de cabra u oveja tenidas con barro y sujetas con palos de
madera decorados con motivos geométricos.
El Festival de Bianou, que se celebra en la antigua ciudad tuareg de
Agades, en Níger, es uno de los más importantes del Africa
musulmana. El acto principal de la festividad es la danza de hombres
vestidos de guerreros llevando sus fusiles en alto, que recuerda a
las guerras islámicas.
Guerra de las arenas
En la década de los años 90, los tuareg protagonizaron una rebelión
armada contra los gobiernos centrales de Mali y Níger que duró seis
años frente al primero, y tres años con el segundo, en las que
exigían que se respetaran sus derechos fundamentales.
Los protestantes demandaban más autonomía e incluso la independencia
para su territorio tradicional, el Azawad, y obtener una mayor
participación en la ayuda internacional para el desarrollo, que
recibían ambos países.
La represión fue terrible; miles de tuareg perecieron durante los
enfrentamientos armados, sus pozos de agua fueron envenenados y los
campamentos arrasados, mientras que muchas familias huyeron de la
guerra desplazándose a otros países limítrofes.
El conflicto armado se zanjó con Malí y Níger tras la firma de un
pacto nacional de paz con los representantes gubernamentales.
Los tuareg iniciaron el regreso, sin embargo, la situación era muy
crítica: la guerra y las fuertes sequías afectaron de manera notable
los recursos hídricos, lo que ocasionó una importante reducción del
ganado, principal medio de sustento, y por tanto del comercio.
Orgullo legendario
Tal como ocurre desde hace siglos, las caravanas de tuareg siguen
viajando entre ciudades del desierto como Agades o Blida para
comprar sal y otros productos que luego intercambian en otras
regiones.
Pero indudablemente, el progreso los ha afectado. La introducción de
modernos camiones en el desierto, ha relegado en cierta forma el
tráfico de las caravanas de camellos.
A pesar de tales circunstancias, los orgullosos nómadas tuareg, el
pueblo legendario que ha sido amo y señor del Sahara durante siglos,
no emigra. Cada uno de sus gestos delata la íntima certeza de que el
elemento esencial de su cultura es ser un pueblo totalmente libre.
Roberto
Correa Wilson
ARGENPRESS.info
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