| Una de esas
frases que gustaba disparar lo pinta de cuerpo entero: “No
te preocupes por la vida... de ella nunca saldrás vivo”. La
vida de Truman Capote fue intensa en lo personal y en su
escritura, que abrió un camino definitivo con obras como
Otras voces, otros ámbitos, Música para camaleones y el
libro que inauguró la “no ficción”: el formidable A sangre
fría. |
El muchacho sureño de flequillito estaba siempre listo para
la foto. El modelo no respondía a los cánones del ideal de
belleza masculino: no era alto, ni atlético, ni viril. Pero
había algo en su imagen –acaso su androginia o esa mirada
que podía ser tan angelical como perversa– que lo
predestinaba a provocar y a seducir. Una tarde de diciembre
se reclinó sobre un sofá, apoyó las manos como quien se
acaricia a sí mismo y miró a la cámara de Harold Halma
dispuesto a conquistar al mundo. Truman Capote se presentaba
en sociedad en enero de 1948 con un libro escandaloso, Other
voices, other rooms (Otras voces, otros ámbitos) y una
fotografía que agitaría la conciencia puritana del americano
medio. El verdadero enfant terrible de la literatura
estadounidense, el pionero del nuevo periodismo, el autor de
la novela-reportaje A sangre fría, llevaría hasta las
últimas consecuencias una sentencia que leyó detrás del
mostrador del café de su barrio (registrada en la crónica
“Nueva Orleans” de Los perros ladran): “No te preocupes por
la vida... de ella nunca saldrás vivo”. A 20 años de su
muerte, los textos de Truman se levantan como edificios
resistentes a los tembladerales de las modas literarias y
periodísticas.
Palabra por palabra
El profundo Sur fue un manantial vivificante para la
literatura estadounidense. En esa zona nacieron, entre
otros, William Faulkner, Flannery O’Connor (una de las
escritoras más admiradas por Capote), Carson McCullers y
Tennessee Williams. Capote no sería la excepción a esta
“regla” geográfica-literaria. “Toda mi vida supe que podía
tomar un puñado de palabras y que al tirarlas al aire
descenderían en el sitio apropiado”, confesó el autor de
Música para camaleones y de la inconclusa Plegarias
atendidas que, según pretendía el escritor, sería su obra
maestra: él y sólo él encarnaría al Proust de la sociedad
norteamericana de posguerra. Capote empezó como cadete en
The New Yorker, donde soñaba publicar sus relatos. Aunque lo
intentó, los editores no supieron apreciar el talento del
precoz escritor. Pero Carmel Snow, la sofisticada directora
de la publicación femenina Harper’s Bazaar, quedó
impresionada por la prosa de Truman y le dio la oportunidad.
Después de la publicación de su primera novela, Capote se
transformaría en un astro literario y pronto se codearía con
las mujeres de la alta sociedad estadounidense y las
estrellas de Hollywood: durante mucho tiempo una condición
sine qua non para organizar una gran fiesta era que Capote
estuviera entre los invitados. Su mera presencia garantizaba
que nadie bostezara.
Truman experimentó con la escritura de muchos de los chismes
que obtenía de primera mano de los ricos y famosos. Su
primera “víctima” sería el actor Marlon Brando, quien le
confesaría los dramas de su vida: el alcoholismo de su
madre, que caminaba tras él, de rodillas, suplicándole que
le hiciera el amor, y sus amores homosexuales. El histórico
artículo con las confesiones de Brando cambió el estilo del
periodismo escrito en los Estados Unidos. El actor demandó a
Capote por calumnia y lo acusó de ser un “caníbal”. El
escritor, con argumentos demoledores, le replicó: “Al menos
un par de veces durante cada encuentro le recordé que yo
estaba allí para escribir un reportaje. Es verdad que me
alimenté de su carne humana. Pero fue él quien me la puso en
la boca”.
Nace el non-fiction
Capote sostenía que “la escritura fáctica con todas las
técnicas de la ficción –algo que un periodista jamás
pensaría en utilizar– es un arte tan elevado como la ficción
moderna, y sin duda capaz de superarla”. Lo demostró con su
obra maestra, A sangre fría. Cuando leyó la noticia del
asesinato de la familia Clutter en Holcomb, Capote concibió
el proyecto de escribir un libro-reportaje sobre las
consecuencias que ese crimen múltiple había producido en el
pueblo. El escritor logró un permiso especial para visitar a
los asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, en la cárcel y
poco a poco se fue ganando no sólo la confianza de Dick y
Perry: Truman era para ellos el último eslabón que los unía
al mundo exterior. El escritor sentía un afecto especial por
Perry (su madre era alcohólica como la de Capote), pero para
terminar con su libro, al que sólo le faltaba el epílogo,
Truman necesitaba que Dick y Perry fueran ejecutados de una
buena vez. Perry le había pedido al escritor que presenciara
la ejecución y Truman accedió. Fue el 14 de abril de 1965, y
el escritor nunca olvidaría esa escena. Capote alcanzaba la
cima de la literatura estadounidense con A sangre fría (ganó
más de dos millones de dólares), pero su adicción a las
drogas y al alcohol, que se había acelerado durante la
redacción de la novela, lo haría descender al infierno del
que nunca escaparía.
El heredero colombiano
El escritor colombiano Efraím Medina Reyes recuerda en
diálogo con Página/12 que empezó a enamorarse de los libros
con Otras voces, otros ámbitos. “El inquietante y barroco
universo en que se sumerge el pequeño Joel Knox me
impresionó al punto de que lo leo cada año. Incluso, mi
insistencia en salir en la portada de mis libros deviene de
esa novela cuyo éxito inicial algunos lo atribuyen a la
sugerente foto del joven Capote en la portada”, confiesa
Medina Reyes. “No hay que ser muy avispado para entender que
la estructura de Técnicas de masturbación entre Batman y
Robin le debe mucho a Música para camaleones. Hasta leer a
Capote, mi idea de la literatura era abigarrada y sombría.
Fue él quien me enseñó que las palabras estaban al servicio
de la vida y no al contrario. Desde su primera novela hasta
la inconclusa Plegarias atendidas, Capote no cesa de
transformarse. Como un camaleón adapta su estilo a la
historia que narra. La triste eficacia de A sangre fría se
convierte en rabiosa impotencia en Ataúdes tallados a mano.
En ambos casos el narrador domina las sensaciones y
sentimientos del lector.”
El autor de Técnicas de masturbación... señala que hay
escritores cuya influencia resulta negativa. “Escribir como
García Márquez es plagiarlo. Sus novelas carecen de ideas,
son fabulaciones cuya genialidad está en la desmesura de los
adjetivos. En cambio, leer a Capote enriquece las
posibilidades de cualquier aspirante a escritor”, sugiere
Medina Reyes. “No necesita recurrir a eventos
extraordinarios; para sorprender y seducir al lector le
basta con narrar lo cotidiano desde un punto de vista que
otros no imaginan. Su lenguaje penetra las fibras más
íntimas y logra conmovernos aunque sólo esté describiendo
una fachada. El capítulo ‘Monstruos perfectos’ de Plegarias
atendidas es un ejemplo de esto. Capote reduce a su mínima
expresión humana a los venerados iconos del cine y el jet
set internacional. Tan descarnado fue su retrato de ellos
que muchos decidieron sacarlo de su lista de amigos. La vida
de Capote fue su propio experimento literario. Como dijo
alguna vez: “¿Y qué piensan estos pelmazos, que estoy aquí
para divertirlos?”Fuente:
Página12/WEB
Autora: Silvina Friera |
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