| Con la
velocidad del rayo, en contados minutos merced al prodigio
de Internet, la noticia de la muerte de Christopher Reeve,
ha dado la vuelta al mundo. No es una muerte más, es un
punto alto para la reflexión espiritual, esotérica, si se
quiere, en todo caso para detenerse en ello. |
¿Quién podrá olvidar la figura de Superman volando por
encima de los rascacielos de Nueva York y acudiendo por obra
de la magia al escenario donde los malhechores pretendían
hacer de las suyas? En verdad, no han pasado más de 30 años
de la serie de films sobre Superman que logró impactar la
imaginación de niños, jóvenes y adultos. Qué maravilla,
¿cómo puede ser que el hombre pueda volar!? Y detener con un
brazo un gigantesco avión de pasajeros, o un tren eléctrico
salido de rieles, o un trasatlántico a punto de naufragar.
Tan sólo Superman, era capaz de semejante hazaña. Entonces,
¿dónde andaba Superman el 11 de Septiembre, que no pudo
evitar la destrucción de las torres gemelas y la muerte de
miles de neoyorkinos?
Superman, o sea Christopher Reeve estaba en una silla de
ruedas, hoy es un cadáver. Toda su fuerza, todo su poder, su
velocidad y energía desaparecieron cuando Reeve, al caerse
de un caballo, se fracturó dos vértebras y se dañó la
columna quedando paralizado, “tetrapléjico” dicen los
médicos, en silla de ruedas y valiéndose de un respirador
artificial para sobrevivir. He aquí las dos imágenes. Lado a
lado. El superhombre volando, convertido en un dios por la
magia del cine, y la del paralítico sin apenas moverse, ni
poder hablar. ¿Cómo puede tratarse de la misma persona?
El profundamente creyente querrá ver un signo del poder
supremo. Antes volando y parando aviones, trasladándose a la
velocidad de la luz de un confín a otro del planeta,
derrotando solo ejércitos enteros o pulverizando a los
invasores de la tierra, cuando de pronto, un caballo lo
convierte en un muerto viviente. Lejos de la voluntad de
Reeve de retar a Dios, pero sus “hacedores” los creadores de
esa fantasía del hombre de acero, tal vez sin proponérselo,
por el afán de obtener ganancias divirtiendo a los
cinéfilos, nos crearon un personaje de carne y hueso que
colocaron ante Dios. Y entonces, sea por la caída del
caballo u otras razones, el hecho es que Superman quedó
reducido a una piltrafa humana. Ahora, el actor Reeve hizo
todo lo posible por sembrar su paso por la vida de buenas
obras desde cuando le ocurrió la desgracia.
Se convirtió en un activista de Naciones Unidas, de Amnistía
Internacional y del Medio Ambiente, inclusive haciendo uso
supremo de los casi inexistentes recursos físicos, pudo
continuar su obra cinematográfica. Su ejemplo de esforzado
tetrapléjico, le valió premios y distinciones. Quizá fue
este humano quehacer, digno de elogio, una especie de
meaculpa por la pretensión de su personaje surrealista de
compararse al Creador.
Por tanto aunque Superman perteneció al género de lo
inverosímil, o al mundo de la ficción, fue tan grande su
influencia en nuestras mentes que no pudimos obrar la
dicotomía de lo verdadero no ficcional, como bien clasifica
Dunia Gras cuando se refiere a Manuel Scorza que nos habla
de la ficción del nuevo mundo posible, con lo
fantasmagórico, no en nuestra mentalidad adolescente, y
tratamos en el subconsciente de clasificar los buenos, los
norteamericanos amigos de Superman, los malos, todos los
otros enemigos de Superman. Y cuando descubrimos que la
verdad, no la ficción de Superman, desaparece primero con su
encarnación Christopher Reeve al convertirse por acción de
la tetraplejía en un disminuido físico y su muerte,
necesariamente también muere Superman con todos sus
portentos y atributos sobrenaturales.
Con la licencia de nuestros benévolos lectores, séanos
permitido por una vez dar vuelo a la imaginación en ocasión
de la desaparición del actor Christopher Reeve que con sus
52 anos de vida, pone fin al personaje que averió nuestra
psiquis y cambió la visión del mundo hace ya 27 años.
Fuente:
Rodelu
Autor:
Mauricio Aira |
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