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Sin embargo, y al margen de la necedad de convertir la
tragedia en irredento partidismo político, hay algo
primordial que se nos ha escapado todo o en parte: un
intento de comprensión del fenómeno.
El otro día en televisión Ana Botella repetía la tesis de
su marido, el importante José María Aznar: que los
terroristas matan sin causa, por lo que entonces solamente
merecen ser aniquilados.
Con lo cual no habrá manera de ponerle punto final al
desastre, pues en este caso el propio Bin Laden ha explicado
el porqué de sus ataques a Occidente, a la vez que la
terrible situación entablada en Iraq perpetúa la motivación
y la práctica del terrorismo.
Con su alucinante ambigüedad: si terrorismo significa
destruir por sorpresa y con preferencia la indefensa
población civil, entonces ¿cuántos miles de muertes
inocentes no ha provocado la invasión occidental de Iraq?
Estamos metidos en una maldición esférica.
Y no digo que los atentados de Nueva York o Madrid estén
justificados ni que haya que adoptar ninguna premisa del
terrorismo, precisamente me apunto a lo contrario y con
energía. Pero observemos lo que estos días ocurre en Israel:
la todavía medio aceptación de la existencia del otro parece
propiciar un inédito clima de posible pacto parcial.
Es mucho relativismo, pero es mejor que la mutua y
rabiosa destrucción como única vía de contacto. Luego,
¿España se ha esforzado algo en comprender el Islam y su
fundamentalismo, las sociedades islámicas tan densas y
cerradas, tiene en este hemisferio una política articulada?
Apenas.
Ni nos entendemos con Marruecos al margen de cuatro
parabienes oficiales de uvas a peras, y cuando estuvimos
allí no dejamos más que trazas desastrosas, lo contrario que
Francia.
Somos unos supinos ignorantes ante la dictadura tunecina
y al Polisario sólo lo hemos mareado inútilmente. ¿Son
culturales, políticas o económicas nuestras especiales
relaciones con el mundo árabe?
No son nada o no lo sabemos. ¿Tenemos idea de lo que es
un bereber y qué representa en el Magreb? No. Etcétera.
Meterse en la guerra iraquí sólo para babear ante Bush
fue un error mayúsculo. Y no por Estados Unidos, que buena o
mala tiene al menos una política, unas ideas, unos
intereses. Nosotros lo hicimos por nada, en blanco. Y aunque
ahora esto sea o haya sido a la contra, seguimos estando
aproximadamente igual.
Fuente:
La
Vanguardia
Autor:
Baltasar Porcel |