| El origen de la
red de Internet tiene sus inicios en 1969, cuando cuatro
universidades de los Estados Unidos y un conglomerado de
instituciones entre las que se encontraba el Departamento de
Defensa deciden poner en práctica un sistema de comunicación
que interrelacionara todos sus ordenadores, formando lo que
sería una red para el intercambio de información. Internet
fue concebida por tanto para facilitar la conectividad entre
las primeras computadoras del ámbito académico y por el
interés inmediato en el campo militar, estratégico y de
gobierno. |
En 1983 el Pentágono convierte esta red en un espacio
público y comienza a tomar la forma que actualmente tiene.
Aparecen nuevos estándares de comunicación, nuevos
protocolos de conexión, nuevos programas informáticos... y
un número de usuarios que aumenta de forma vertiginosa de
año en año. Desde entonces hasta ahora internet no ha dejado
de crecer y tanto empresas, organizaciones sociales,
instituciones públicas y particulares, entre otros, han ido
dotando de contenidos la red. Aparecen y se generalizan
servicios comerciales y de facturación de todo tipo. De
hecho internet se convierte en el vehículo de la publicidad
por excelencia.
Aunque en una primera etapa la red es un espacio desregulado
por parte de los gobiernos y no cuenta con una
administración centralizada, poco a poco esto comienza a
cambiar y tanto los contenidos, la información, como el
control se tornan más restrictivos, dificultando
fundamentalmente un uso ‘no comercial’. De este modo la
mercantilización de internet ha derivado básicamente hacia
la triple función de anunciar, vender y vigilar.
Muchas páginas que eran de libre acceso se tornan en sitios
de pago, proliferan las suscripciones y pierde peso el
sector académico a favor de las empresas que van apareciendo
en la red con el objetivo de usar esta herramienta para
aumentar su cuota de mercado y sus beneficios. Los gobiernos
por su parte comienzan a establecer legislaciones para
controlar y limitar usos y contenidos en la red. Ello va
minando la libertad inicial y las posibilidades de internet
como herramienta para el cambio social.
La red, de la misma forma que es un frente más de
propagación del consumo y dominación, en tanto que
mayormente sirve y fue creada para satisfacer necesidades
del sistema capitalista en sus distintos niveles, también es
un frente más de lucha. Esto es algo que el sistema lo tiene
perfectamente claro.
Al mismo tiempo, internet se ha convertido en víctima y
partícipe de conflictos de intereses políticos. La guerra en
Afganistán puso de moda los ataques cibernéticos a los
sitios públicos, el bloqueo a páginas de cadenas de
televisión, radio o noticias, el intento de desarticulación
de redes sociales y otros muchos actos de sabotaje,
principalmente contra disidentes a la globalización
neoliberal.
Medios de propaganda y medios de comunicación
Las grandes empresas mediáticas también han puesto sus ojos
y sus contenidos en internet. Grandes corporaciones que hace
tiempo dejaron de ser medios de prensa y se convirtieron en
vastos imperios comerciales donde se entrecruzan inversores,
empresas anunciantes, financieras, tecnológicas, etc. Ellos
son los dueños de la información que recibimos.
El hecho de que estas empresas basen sus beneficios no tanto
en las ventas sino en los ingresos por publicidad propició
que, al menos en un primer momento, ofrecieran sus noticias
en internet de manera gratuita.
Sin embargo, y como se exponía anteriormente, muchas de
ellas han ido abandonando este proceder y no sólo cobran por
la publicidad soportada sino que además lo hacen también a
los lectores. Otros, como fue el caso del portal de noticias
que tenía la cadena CNN en español, han dejado de prestar
sus servicios al no alcanzar el umbral de beneficios que
probablemente se habían marcado.
En cualquier caso, la labor de los grandes medios se
encuentra limitada fundamentalmente por dos condicionantes:
los intereses de los dueños últimos de estas empresas (y por
ende de los intereses estructurales del sistema capitalista)
y las servidumbres hacia las empresas anunciantes. Devienen
entonces en prisioneros de la maquinaria propagandística del
modo de vida capitalista y de la publicidad comercial. Meros
vehículos para la transmisión de la ideología dominante y
herramientas de precisión para la ablación de las
conciencias ciudadanas.
Citando a Noam Chomsky y a Edward S. Herman, “los medios de
comunicación de masas actúan como sistema de transmisión de
mensajes y símbolos para el ciudadano medio. Su función es
la de divertir, entretener e informar, así como inculcar a
los individuos los valores, creencias y códigos de
comportamiento que le harán integrarse en las estructuras
institucionales de la sociedad. En un mundo en el que la
riqueza está concentrada y en el que existen grandes
conflictos de intereses de clase, el cumplimiento de tal
papel requiere una propaganda sistemática” (Los guardianes
de la libertad).
Se percibe entonces que estos medios de propaganda se han
ido apartando de su objetivo social, el acceso a la
información como bien de uso público, y en lugar de
relacionarse con los ciudadanos de forma activa, abierta y
participativa, los han marginado hacia el campo del consumo.
Y todo ello ocurre sin que exista interferencia alguna por
parte de los poderes públicos y, lo que es peor, sin ningún
control ciudadano. Como ha dicho Ignacio Ramonet, los medios
hace tiempo que ya no son, ni pretenden ser, un cuarto poder
en el sentido de tener como objetivo cívico vigilar el
funcionamiento de los otros tres poderes para perfeccionar
el sistema político.
La sociedad sin embargo no ha permanecido impasible, y ha
comenzado a cuestionar la credibilidad de este modelo
periodístico. La tendencia se está haciendo cada vez más
perceptible, sobre todo en los últimos meses y se va
generalizando, entre la ciudadanía global, la impresión de
que las noticias que proporcionan estas empresas no son de
fiar.
En abril del 2004 la Universidad de Columbia confirmó esta
tesis. El informe académico “The state of the news media
2004”, emitido por el Proyecto para la Excelencia del
Periodismo, afirmaba a lo largo de 500 páginas que el
periodismo estadounidense del siglo XXI se encuentra en un
estado lamentable "del que solo parecen salvarse los medios
alternativos, aquellos que operan en internet y las
cabeceras en comunidades como la hispana". Dentro del mismo
informe se citaba que la circulación de la prensa escrita
había caído un 11% desde 1990 y el rating o sintonía de
noticieros de TV abierta se había reducido en un 34% durante
el mismo periodo. “La razón más importante, a la hora de
explicar la decadencia de los medios, se encuentra más bien
en la pérdida creciente de su credibilidad política”. Otro
dato a tener en cuenta es el porcentaje de los ciudadanos
estadounidenses que valoran positivamente la profesionalidad
de los medios de comunicación. Entre 1985 y 2002, este
índice cayó del 72% al 49%.
Mas no es éste el único estudio que apunta en esa dirección.
Según los datos del Pew Research Center, el organismo de
mayor prestigio en investigación de medios en Estados
Unidos, el porcentaje de ciudadanos que confía en la
objetividad de los periodistas ha descendido del 62%, en
1987, al 38%, durante la campaña electoral norteamericana de
noviembre del 2004.
Hoy, los contenidos de la ‘industria periodística’ apuestan
por la frivolidad, el chismorreo y la superficialidad. Más
bien impera la ‘calidad cero’, con una oferta desmedida de
contravalores opuestos a la ética periodística más elemental
–en detrimento de la verdad-, llegándose a ‘fabricar’
noticias que jamás existieron. Ejemplo paradigmático ha sido
la intensa campaña de catequización para legitimar la
masacre y posterior invasión en Iraq, amparándose en los
informes que confirmaban la existencia de ingentes depósitos
de armas de destrucción masiva en manos de Sadam Hussein.
Fuente:
Rebelión
Autor:
José Daniel Fierro
|
|
|