Según teorías de la información muy aceptadas en la
actualidad, los grandes medios de prensa realizan un proceso
‘deformativo’ de la realidad que consiste en
descontextualizar un acontecimiento -apartarlo del contexto
en el que se ha producido- para posteriormente
recontextualizarlo en la forma ‘noticia’. Esta doble
intervención es lo que se denomina la «construcción social
de la realidad».
La tarea y el fin último de los medios comerciales,
defensores del sistema económico dominante, es convertir la
‘noticia’ en una mercancía lista para ser vendida. Un
artículo elaborado y manufacturado con el que operar sobre
la conciencia de los lectores o televidentes y eje sobre el
que construir corrientes de opinión que luego usarán
tertulianos y especialistas de la comunicación. Estas
afirmaciones, confeccionadas y vertidas por los grandes
medios de propaganda, serán presentadas bajo el disfraz del
término ‘opinión pública’. Es este un proceso vertical, en
el que desde las altas esferas del poder económico y
político se trata de imponer una forma y una concepción
manipulada y venal de la realidad.
En el otro extremo se sitúa el proceso de la ‘información’,
un mecanismo que se pone en marcha de modo cotidiano, y que
sirve fundamentalmente para relacionar a las organizaciones
populares y a los individuos entre sí. Es decir, a la
sociedad consigo misma. En este caso, los denominados medios
alternativos sirven de cauce para que ese intercambio
comunicacional fluya de manera horizontal y por la base de
la sociedad. Dicho de otra manera, la actividad informativa
permite el diálogo entre las partes, genera una verdadera
conciencia social y sirve para enfrentar y contrarrestar la
avalancha diaria de ‘noticias’ que generan los centros de
propaganda.
Estos crecen verticalmente, engullendo otros medios y
monopolizando el mercado de la prensa. El resultado es un
empobrecimiento y una homogeneización de las noticias, un
discurso acrítico y la desconexión entre lo presentado y la
realidad. Los medios alternativos, por el contrario, crecen
horizontalmente, mediante la coordinación y la interrelación
con proyectos similares. El resultado es el aumento de la
pluralidad y la diversidad informativa, una cada vez mayor
implicación de individuos y organizaciones sociales en el
proceso de la comunicación y el enriquecimiento de una
conciencia social crítica.
Los pueblos, por su parte, responden con sus propias
estrategias y alternativas de comunicación. Creando medios
comunitarios que logran recuperar la voz de las gentes,
utilizados no para adocenar o fomentar la situación de
injusticia establecida, sino para servir a los ciudadanos y
reflejar sus propuestas y sus alternativas, sus problemas y
las causas que los producen.
Es así como el movimiento ciudadano global trata de
recuperar la democracia en los medios de comunicación, y en
este camino internet está resultando una herramienta
fundamental. Un sistema que ni es un espejismo tecnológico
limitado a una elite, ni tampoco una panacea que pueda
sustituir a una sociedad organizada ni a la comunicación
humana y cercana que aportan los formatos tradicionales.
Hoy se habla de guerra de medios en internet, pero no es más
que una parte de la guerra que se vive a nivel global. La
polarización entre explotadores y explotados, entre
criminales y resistentes es la misma que hay entre los
grandes medios de propaganda por un lado y los medios
alternativos y comunitarios por otro.
Pascual Serrano y José Daniel Fierro, de Rebelión, escriben:
”La información es una guerra, una guerra entre modelos
sociales. Entre apologetas de un mundo desigual, injusto,
mandado por depravados y auténticos terroristas que imponen
a sangre y fuego un modelo económico que condena a muerte a
miles de personas en todo el mundo, y los que apostamos por
estar al servicio de los grupos, movimientos, intelectuales
y luchadores que todos los días se juegan la vida por
defender otro modelo de mundo posible”.
Por eso la tarea de los medios alternativos debe ser la de
ir sustituyendo, poco a poco, a los grandes emporios
mediáticos. Se trata de un combate desigual pero en el que
se están dando grandes pasos. Los medios comunitarios han
demostrado ser toda una alternativa consolidada frente a la
desinformación del poder en crisis como el golpe de Estado
en Venezuela en 2002, o el alzamiento popular en Bolivia que
puso fin a la presidencia de Sánchez de Lozada.
Contrainformación o comunicación alternativa
De un modo aproximado contrainformación o comunicación
alternativa, podría ser definida como el proceso que abarca
desde el discurso hasta la organización del medio, pasando
por las formas sociales en que este se utiliza. Lo
‘alternativo’ no se define tan sólo por la práctica o el
desarrollo de determinado proyecto, sino fundamentalmente
por su inserción en una perspectiva de enfrentamiento al
sistema neoliberal. Esta perspectiva se traduce en un tipo
de relación con los lectores, unos métodos de gestión, unas
formas de financiación y sobre todo unos contenidos
concretos. Lo alternativo se levanta “frente a otra
concepción no sólo de la comunicación sino de las relaciones
de poder, y de la transmisión de signos e imposición de
códigos que esas relaciones permiten vehicular” (Cassigoli).
La actividad de los medios alternativos ha de ponerse a
disposición del movimiento social, ofreciéndose como canal
de comunicación entre los diferentes grupos y las personas
individuales, y creando espacios de “libre expresión” donde
quepan las denuncias de las injusticias, la difusión de
información antagónica, la coordinación entre organizaciones
de diferentes ciudades o barrios, el debate contra el actual
sistema hegemónico, las propuestas para un mundo más
justo...
Frente al viciado ambiente que generan los grandes medios de
propaganda, lo alternativo no sólo aporta otra visión o una
sosegada reflexión, además facilita otro tipo de relaciones
entre los participantes del proceso de la comunicación, y da
la oportunidad de la palabra para cuantos se sienten
disidentes al sistema capitalista.
El reto es alcanzar una comunicación y un diálogo horizontal
y democrático entre individuos y organizaciones sociales,
acercando el derecho a la información a una ciudadanía a la
que se le oculta sistemáticamente la verdad. Este derecho no
se reduce a permitir a las personas saber lo que deberían
pensar o hacer, sino que otorga sentido a sus vidas y forma
a sus aspiraciones cuando les facilita la toma de control
sobre sus aspiraciones y la posibilidad de ejercerlo con
‘poder’. Es este por tanto, un aspecto fundamental de la
comunicación si se quiere adoptar ésta como motor para el
cambio social.
Y de aquí se deriva un aspecto importante dentro del campo
de la información alternativa, y es el que hace referencia a
los contenidos de la agenda informativa. Hablando en
términos generales, es necesario que los medios de
contrainformación se hagan eco de las noticias de los
grandes medios, para aportar argumentos, desenmascarar
falsedades o reconducir el proceso de un debate que el poder
ha impuesto. Sin embargo, una agenda ‘alternativa’ no se
debe limitarse a encadenar estos temas, la contrainformación
debe basarse en un discurso propio que no sea únicamente el
reverso de las noticias generadas por el poder. Algo que
desde luego no es nada sencillo.
En este terreno los medios alternativos presentan una de sus
mayores carencias: la poca capacidad para generar
información propia, o como dicen Vinelli y Esperón,
“construir otro modelo de noticiabilidad en el marco de una
perspectiva instrumental”. Y aunque existe un enorme
potencial, hasta el momento esta posibilidad aún no se ha
desarrollado lo necesario. Hago referencia a lo que en la
Red de Centros de Medios Independientes (Indymedia)
denominan “que cada uno sea un corresponsal” de lo que ve.
Es decir, el conjunto de las organizaciones sociales y las
personas a título individual han de saber que pueden
convertirse en agentes informativos y que con su labor
ayudan a nutrir los medios alternativos y acercan sus
actividades y sus propuestas a un número creciente de
lectores. Suplir con este trabajo la desinformación y la
subinformación del discurso oficial dominante ayuda en la
toma de conciencia respecto a las luchas del movimiento
social y sus contenidos.
Resultado de esta carencia es la falta de conocimiento en lo
que podríamos denominar ‘técnicas periodísticas’: saber
titular, errores en la redacción, manejo de la información
sin excesivo rigor, etc. Los limitados medios técnicos y/o
humanos no deberían servir de excusa a la hora de realizar
una labor comunicativa que debe ser cumplida de forma veraz
y responsable. Una tarea que se vuelve entonces necesaria es
la de ‘socializar la producción’ informativa. Llevar a cabo
un trabajo en cierto sentido ‘docente’ para ayudar a que los
movimientos se apropien de las herramientas de trabajo y
busquen sus propias formas de comunicarse. Hace falta gente
que se dedique a enseñar, a dar talleres, a liberar energías
creadoras en los demás.
Fuente:
Rebelión
Autor:
José Daniel Fierro
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