Naturalmente, hubo quienes se apresuraron a desechar mis
argumentos por venir de quien venían: “El hombre que perdió
su personalidad y sus creencias no debería hablar de la gran
religión islámica”, escribió Anna Tanha desde Glasgow.
Sin embargo, recibí una oleada alentadora de comentarios más
positivos, muchos de ellos enviados por musulmanes.
“Tiene toda la razón. Es hora de que los musulmanes admitan
que el islam, con sus actitudes propias del siglo VIII, es
el causante de los grandes sufrimientos que soporta el mundo
del siglo XXI”, opinó Mohammed Iqbal, de Leeds. (Tres de los
terroristas del 7 de julio provenían de esta ciudad.)
“Por favor, prescinda del dogma y deje que la razón
intervenga en el debate –me rogó Nadim Akhtar desde
Washington–. Nosotros, los creyentes, ya nos hemos causado
bastante daño. Los gobernantes y religiosos musulmanes le
están haciendo al islam lo mismo que los monarcas y clérigos
europeos hicieron [al mundo] en la Edad Media.”
Ozcan Keles, de Londres, insistió en que únicamente los
“líderes musulmanes que se basaban en la fe” podían hacer la
ijtihad (reinterpretación del Corán). En cambio, para Harún
Amirzada, ex conferencista de la Universidad de Kabul, “los
eruditos y los políticos de Oriente y Occidente, ya sean
islámicos, no islámicos o laicos, deberían trabajar juntos
para modernizar el islam de cara a las realidades de nuestro
tiempo”.
El doctor Shaaz Mahbub, de Hillingdon, Middlesex, coincidió
con él: “En Gran Bretaña hay centenares de musulmanes que no
practican su religión tan estrictamente como los de
generaciones anteriores. Nosotros somos la corriente
mayoritaria. Anhelamos vivir en paz y armonía con grupos de
otros credos. Nos enorgullecemos de ser británicos y somos
patriotas. [...] No conozco ninguna organización que
represente al islam laico y liberal profesado por la inmensa
mayoría de los musulmanes”.
Algunos me desafiaron a dar un paso más y formular hipótesis
sobre el contenido de ese movimiento reformista. A modo de
primera respuesta a ese reto, expondré algunas ideas
centradas principalmente en Gran Bretaña.
¿Por qué en Gran Bretaña? Es muy posible que la reforma
nazca en la diáspora, donde los contactos (y los roces)
entre las comunidades alcanzan su grado máximo, y después se
exporte a los países con mayorías musulmanas. No sería la
primera vez que ello ocurra. Paquistán fue concebido en
Inglaterra. Lo mismo cabe decir, figuradamente, de
personajes que cambiaron la historia, como el Mahatma Gandhi;
Ali Jinnah, fundador de Paquistán, y el dirigente indio pro
británico sir Syed Ahmad Khan.
La mayor parte de los musulmanes británicos descienden de
sudasiáticos y deberían recordar su propia historia. En la
India, siempre han sido laicistas porque saben que la
Constitución laica de ese país los protege contra una
dictadura de la mayoría hindú. Los musulmanes británicos
deberían aprender de ellos y separar la religión de la
política.
Al repasar la historia general del islam, también recordarán
que en tiempos no muy lejanos Beirut, Teherán y otras
metrópolis musulmanes eran cosmopolitas, tolerantes y
modernas. Hay que rescatar de manos de los ultras esa
cultura perdida, ensalzarla y reconstruirla.
Es preciso revisar la noción de que todos los musulmanes
pertenecen a una misma familia. Las crueles divisiones entre
los sunnitas y chiitas de Irak demuestran su carácter
ficticio. Y esa ficción es peligrosa cuando alucina a
jóvenes como los terroristas británicos que, el 7 de julio,
mataron a sus propios correligionarios en nombre de un
concepto de hermandad islámica esencialmente quimérico.
Pocos musulmanes británicos tolerarían el estilo de vida de
un país islámico conservador.
¿A quiénes perjudican más directamente los seguidores del
islamismo a ultranza? A otros musulmanes: los de Afganistán
son víctimas de los talibanes; los de Irán, de los
ayatollahs. Los insurgentes iraquíes matan mayoritariamente
a sus hermanos de religión. No obstante, la retórica
islámica se concentra en los crímenes de “Occidente”. Quizá
los musulmanes necesiten reconsiderar la verdadera identidad
de su enemigo y reorientar su ira contra sus verdaderos
opresores y asesinos.
Desde el punto de vista político, en los años 70 y 80 la
mayor parte de los británicos de origen sudasiático se
organizaba en torno de grupos laicos, dirigidos
principalmente por activistas marxistas o, al menos, de
izquierda. En ese período, los negros y los asiáticos se
mantuvieron unidos. A fines de los 80 y, hasta cierto punto,
a raíz de las protestas contra mi libro “Versos satánicos”
(1989), esa unión se rompió para dejar paso a un islam
radical, cimentado en la mezquita y definido por su fervor.
Los grupos sudasiáticos laicos –no necesariamente
izquierdistas– tienen que reclamar ese terreno creando
organismos auténticamente representativos, cuya ausencia
lamenta Mahboob. Después, podrán marginar, como corresponde,
a los “líderes” del Consejo Musulmán de Gran Bretaña.
El islam reformado rechazaría el dogmatismo conservador.
Aceptaría, entre otras cosas, la igualdad absoluta entre el
hombre y la mujer. Admitiría que las personas de otros
credos, o de ninguno, no son inferiores a los musulmanes.
Comprendería que las diferencias en la orientación sexual no
deben condenarse, sino aceptarse como parte de la naturaleza
humana, y que el odio a los judíos es malo. Rechazaría la
represión de la libertad de palabra por una ideología
quisquillosa y la reemplazaría por un debate genuino,
vigoroso y libre, sin ideas prohibidas o temas vedados.
Alentaría a los musulmanes de la diáspora a salir de los
guetos en que ellos mismos se enclaustraron y a no
preocuparse tanto por encerrar bajo llave a sus hijas.
Emergería del gueto intelectual del literalismo y el
sometimiento a ulemas y mullahs. Permitiría la investigación
abierta, basada en la historia; la dejaría salir de las
sombras a que la condenaron las escuelas coránicas.
Por último, hay que poner fin a la paranoia defensiva que
llevó a algunos musulmanes a culpar a los judíos por los
atentados del 11 de septiembre y, más recientemente, a dudar
de la participación musulmana en los del 7 de julio. Un
video difundido por Al-Jazeera hizo estallar, si se me
permite la expresión, esta teoría disparatada.
Como dijeron varios lectores de aquella nota mía, más que
una Reforma, tal vez describa una Ilustración. Y bien,
hágase la luz.
Fuente:
La
Nación Line
Autor:
Salman Rushdie
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel) |