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Familia numerosa

Familia numerosa

Hoy las familias numerosas no son como las de antes, las del siglo pasado. Pep es uno entre diez de una familia en la que todos comían a la carta, a la carta más alta. El que tenía la suerte de sacarla de la baraja era al que le tocaba comer, los demás miraban y les bastaba con relamerse y esperar a otro día, a ver si había suerte. Eran otros tiempos, tiempos de penuria. Pero todos vivían felices. Nacía un niño, después una niña. y otra niña, y un niño… y así, sin métodos anticonceptivos… ¿Os imagináis cómo era un hogar de aquellos, de familias numerosas de antaño? Leed lo que os ofrecemos.

En el colegio, a un hijo único se le reconocía en seguida por dos cosas: la paz interior… y la ropa de su talla. ¡Que es muy humillante que le calculen a uno la edad por las rayas del dobladillo, como si fuera un alcornoque!

Además, en una familia numerosa la infancia es un coñazo, porque normalmente los padres te huelen el culo para ver si te has cagado, pero en una familia numerosa, como sois tantos, no se preocupan en mirar uno por uno a ver quién ha sido. En cuanto huelen algo, ¡tooooodos a la bañera! ¡Que mi casa parecía una piscifactoría!

Y todavía hay gilipollas que dicen que en las familias numerosas todo son ventajas: “Además, si eres el pequeño, es un chollo porque cuando te llega la ropa del mayor, vas otra vez a la moda”. En mi época, la moda era hacer la comunión vestido de marinero. Y sí, yo fui de marinero, pero de marinero de la Primera Guerra Mundial. Es que lo heredas todo. Y es muy duro ver a tu madre acercarse por la noche a la cama de tu hermano mayor:

– Cariño, quítate los calcetines, que se los van a dejar los Reyes a tu hermano Emilio.

Y eso si tienes hermanos, porque si lo que tienes son hermanas mayores, tú pides un Geyperman y te regalan una Barbie con el pelo cortado y una barba pintada. Que nada más verlo, ibas todo preocupado a decirle a tu madre:

– Mira mamá, creo que mi Geyperman está echando caderas.

Y luego está lo de la habitación. Lo mío no era una habitación, era un barracón militar. Había tantas literas que parecían estanterías… Mi madre nos organizaba por orden alfabético, como los libros. Y cuando quería sacar a uno, se iba a las literas:

– Carlos, David, Elías, Fernando… ¡Huy…! ¿Y Emilio? ¡Cariño…! ¿Hemos prestado a Emilio?

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Pero lo peor era lo del baño. Había que hacer turnos de quince minutos. Y como siempre había dos o tres hermanos en la edad del pavo, para que no hubiera atascos mi madre tenía que poner bromuro en el Nesquik. Lo que no sé es cómo llegamos a ser tantos, porque mi padre también tomaba Nesquik.

Y en el colegio es un infierno. Porque cargas con la fama de tus hermanos mayores: y si han sido unos macarras, la has jodido. Pero si han sido unos empollones, la has jodido más. Llegas allí, el primer día, y el profesor:

– ¡Aaaaah…! Aragón… ¿Tú no serás hermano de Fernandito?

– Sí, .señor… sí.

– Pues tu hermano era un estudiante ejemplar. Espero que sigas sus pasos…

Que tú piensas: “Pues seguro, porque llevo sus calcetines…”. Pero, además de la fama, de los hermanos mayores también vas heredando los libros. ¡Subrayados! Que es una putada, porque como el primero subraye mal, suspende toda la familia. Aunque peor que eso es que tu hermano mayor se haya enamorado de Pili, y tengas todo el libro lleno de corazones:

“Pili,Pili, Pili”… Lo tienes que arreglar de alguna forma. Así que pones en todos: “Pili-la”. Y, claro, el que lo tiene chungo es el hermano siguiente, que tiene el libro lleno de corazones que ponen “Pilila”. ¡Y a ver cómo explica eso…!

Y ustedes dirán: “Bueno, hombre, lo de heredar los libros, chungo, pero, a cambio, también heredas las revistas guarras…” Ya, pero es que la que viene en pelotas es Mayra Gómez Kemp.

Luego hay listos que dicen: “Lo bueno de la familia numerosa es que puedes meter a la novia en casa y, entre tanta gente, nadie se entera”. ¡Serán gilipollas…! ¿Y de qué te sirve meterla en casa, si luego no tienes dónde… meterla?

“Y lo peor de todo son los telediarios. Estáis allí sentados los diez hermanos y, de repente, dicen: “Dos de cada diez jóvenes consumen drogas en fin de semana”.

Y tu padre:

– ¡Castigados todos, hasta que confiesen los dos!

“Cuatro de cada diez jóvenes pierden la virginidad antes de los 18”.. Y tu madre:

– ¡Ah! ¡La canguro no vuelve por casa!

Bueno, me acuerdo un día que dijeron en la tele: “En España, uno de cada diez hijos es fruto de la infidelidad”.

¡Y el pelirrojo se llevó una hostia…!

Autor | Pep Morato

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Acerca de fabriciano

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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