El debate está abierto. La ley será aprobada. Pero, ¿resuelve los problemas planteados? ¿Puede un examen, al final del bachillerato, ser la solución? ¿No será necesario invertir lo que hay que invertir en educación y dejarse de zarandajas?
Una gran cantidad de alumnos no tienen ningún interés sobre lo que se cuece en el aula, eso no va con ellos. Los padres dejan que la escuela sea el depositario principal en la educación de sus hijos, ellos no tienen tiempo para educar. No existe un apoyo real y efectivo (falta profesorado) para encauzar a los muchachos con dificultades de aprendizaje, a alumnos que la enseñanza les va muy ancha.
Está claro que uno de los incentivos motivadores en el proceso de aprendizaje es la obtención de una calificación positiva. Si el aprobado no tiene (para muchos estudiantes) ningún valor, ya que promocionan con varias áreas suspensas, es necesario que se obligue a aprobar para seguir adelante. Este cambio si que es necesario. Pero no debe ser el alumno el que asuma todas las consecuencias. Hay que arbitrar métodos que permitan la recuperación, sobre todo en técnicas instrumentales (y, ¿por qué no?, en conceptos), de aquellos alumnos que no alcanzan los niveles adecuados. Y para aplicar los métodos se necesitan personas, materiales e instrumentos, no sólo exámenes. El examen es la culminación del proceso y el sistema que permitirá saber al profesor si sus enseñanzas han sido captadas por la mayoría de sus alumnos.
Son muchas las cosas que hay que cambiar. Y todos los estamentos sociales están implicados en el cambio.


