Abajo y arriba: madera de yoyó
Ha descendido –una vez más– al sótano y
da fe, de que sigue siendo un lugar inhóspito:
canícula permanente trepanando la médula;
olor de azufre que no es, precisamente, el del espliego;
moradores cojoneros en permanente danza.
Ahora –una vez más- se halla subiendo y,
como perro viejo que es,
se conformaría con quedarse en un cuarto o quinto.
Conoce de sobras que, allá en el ático,
ambiente y habitantes le obligaran -una vez más- a bajar



