
Cualquier número X es igual a la suma de sus cifras más un múltiplo de 9. Si se invierten las cifras de X se obtiene un nuevo número X’ que es también igual a la suma de sus cifras, que obviamente son las mismas que las de X, más un múltiplo de 9. De lo anterior se deduce que X – X’ es un múltiplo de 9.
Al ser 54 un múltiplo de 9, se deduce que el error del contable se debe a una inversión de cifras.
Méli-mélo – Un peu de tout… 


