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La habitación de las discordias

La habitación de las discordias

Mas que una enfermedad es una plaga. Emponzoña el aire y llena de tensión y malestar nuestras almas. No podemos escapar de ella porque está en todas partes y a todas horas. Invade el receptor y se adueña de nuestras vidas. Los niños y adolescentes, sentados sin control ante el televisor, quedan marcados y su formación se resiente, llenando de posos turbios la senda que deben recorrer en su proceso educativo. Es como una droga que nos aturde y, ¡que paradoja!, despierta nuestros instintos más infames, los que nos convierten en personajes despreciables. Sus bravuconadas sólo tienen una razón de ser, su certeza de revertir en prebendas que se acompañan de suculentas concesiones dinerarias.

Si conectamos nuestro televisor, están ahí. A todas horas, o casi. Repitiendo lo de la noche anterior o lo de hace una semana, o transmitiéndonos, con su verborrea imprecisa y huérfana de eufemismos, sus nuevos insultos e improperios. Son personajes que se han subido a la palestra para mostrarnos su zafiedad, sin escrúpulos. El dinero, el único motor, incentiva sus actuaciones. No les importa lo que dicen o como lo dicen, ni la persona o personas a las que zahieren, sólo les interesa llenar, hasta que reviente, su faltriquera, podrida y llena de odio y estupidez.

Y nosotros, ilusos e incautos, adornamos nuestras vidas con el desatino y el desprecio, porque los escuchamos y hacemos caso de lo que cuentan. El mundo está perdido. Los valores personales se diluyen sin alcanzar su fin, que es llenar de humanismo nuestra existencia.

No todos los programas televisivos, ni los canales de televisión, son así. Pero no sé por qué, pero son muchos los que se apuntan a esta bazofia, tal vez debido a que los humanos nos dejamos subyugar por la morbosidad. ¿Cuál puede ser la solución? Sólo hay una: dejar de ver los programas citados. Si no tienen espectadores, tendrán que cambiar el guión, pasar de lo vulgar a lo imaginativo. Pero no confiamos en que el plante se lleve a cabo.

Acerca de fabriciano

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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