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Meter la gamba

Meter la gamba

Son reales, aunque no lo parezca. La ignorancia es muy atrevida. Hay personas que hablan de temas que desconocen, que emplean, en sus conversaciones, palabras y frases que no tienen nada que ver con lo que quieren, confunden los términos, utilizan incorrectamente el vocabulario. A continuación os ofrecemos algunas de las situaciones que confirman lo dicho. Las teníamos guardadas en una página pérdida de Batiburrillo.net y las hemos recuperado para vosotros. ¡Disfrutadlas!

Servicio de urgencias en el hospital. Una mujer entra, según ella, con fuertes dolores de barriga. El médico, antes de la exploración, intenta indagar sobre las causas del dolor:
— ¿No comería usted algo que le haya sentado mal?
— No – respondió la mujer.
— ¿Ha sufrido en alguna otra ocasión dolores similares?
— No. Esta es la primera vez que tengo un dolor como este.
— ¿No estará usted embarazada?
— ¡Imposible! Mi marido y yo practicamos el corpore in sepulto.

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Era un hombre presumido. Sus explicaciones intentaban mostrar un alto grado de conocimientos. Aunque su nivel cultural, y ya no digamos lingüístico, dejaban mucho que desear. Entre sus quejas, a veces desmesuradas, se repetía con frecuencia la referente a las malas condiciones en que se encontraba la carretera que iba a su pueblo natal. “Después de una inmensa recta – decía – te encuentras, justo en la curva, con un gran sovacón“.
De él era también la expresión: “Tengo que pintar el coche. Me va a salir carísimo. Tengo que hacerlo con pintura mentalizada“.

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La farmacéutica de aquella pequeña villa era una mujer afable, simpática y que, además, trataba a sus vecinos con exquisita amabilidad. Y, si era necesario, prestaba su apoyo incondicional para ayudar, económicamente, a familias o personas que tuviesen dificultades monetarias. Todos la tenían por una mujer extraordinaria. En cierta ocasión, un parroquiano de cerca de setenta años, famoso por utilizar expresiones que no tenían nada que ver con lo que se mentaba, le dijo, delante de varios clientes, en el interior de la farmacia: “Doña Lucía, a usted, que siempre ayuda a todos y que no tiene un mal gesto para nadie, debían levantarle en la plaza del pueblo un falso testimonio“.

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No se sabía el dinero que tenía. Su empresa de transportes iba viento en popa. Era un hombre joven, no pasaba de los cuarenta, que cuidaba su aspecto y vestía, según los entendidos, con exquisita elegancia. Era presumido y, cuando hablaba, daba la impresión de que entendía de todo. Hacía propuestas para que, los políticos de turno, tuviesen en que ocupar su tiempo. En cierta ocasión dijo, refiriéndose a la orilla del río en un paseo frecuentado por mucha gente: “Habría que plantar unos arciprestes“.

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Los que deben tener un nivel cultural adecuado son, en algunas ocasiones, los que más se alimentan de la ignorancia. En una reunión de profesoras de religión en unos salones del obispado, una de las presentes explicaba sus temores: “Lo que me da más vergüenza es cuando tengo que besarle el prepucio al señor obispo”.

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La mujer no estaba obligada a saber. No había ido a la escuela y casi no sabía leer ni escribir. Un día contó: “Mi marido y yo compramos una mesa de fornica para la cocina”. Una de las personas que estaba presente, apostilló: “Si era de fornica mas que una mesa sería una cama”.

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Acerca de fabriciano

Amante de la informática y de Internet entre otras muchas pasiones. Leo, descifro, interpreto, combino y escribo. Lo hago para seguir viviendo y disfrutando. Trato de dominar el tiempo para que no me esclavice.

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