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El gusto por la carne humana de nuestros
ancestros de la prehistoria está dando resultados muy
positivos para los humanos modernos. Un estudio publicado en
Science demuestra que el canibalismo de hace 500.000 años ha
provocado una selección de aquellos individuos genéticamente
resistentes a las enfermedades causadas por priones como la
enfermedad de las vacas locas. Esta sería la explicación a las
variantes genéticas detectadas en diferentes partes del mundo
que protegen de estas patologías.
En este tipo de enfermedades el agente que provoca el daño es
una forma aberrante de una proteína (PrPsc) cuya versión
normal (PrPc) se encuentra en diferentes tejidos del
organismo. La variante dañina se adquiere al consumir carne de
animales enfermos. Una vez ingerida, provoca la modificación
de las moléculas vecinas produciendo un efecto dominó que
resulta en la degeneración neurológica característica de estas
patología e incluso, la muerte.
Los trabajos previos del mismo equipo investigador indicaban
que aquellos sujetos con dos copias iguales del gen que
codifica la PrPc -homocigóticos- eran mucho más vulnerables y
tenían menos posibilidades de sobrevivir a la enfermedad del
Creutzfeld Jacob que los que tienen una copia normal y otra
mutada (heterocigóticos). Este fenómeno se conoce como
selección equilibrada.
La primera de estas enfermedades que llamó la atención de la
ciencia fue el kuru en los años 50. Afectó a los fore,
aborígenes de Papua Nueva Guinea, que durante los rituales
mortuorios comían los restos de los fallecidos. Los primeros
casos de la enfermedad se registraron alrededor de 1920 y se
extendió rápidamente hasta que a mediados de 1950, las
autoridades australianas prohibieron el canibalismo.
Los autores del trabajo estudiaron la configuración genética
para la PrPc de 30 mujeres fore de más de 50 años que habían
consumido la carne de sus familiares fallecidos , 23 de ellas
tenían dos copias diferentes del gen que eran además las
mismas que habían protegido a algunos individuos en el Reino
Unido de la enfermedad de las vacas locas. Sin embargo, los
fore no podía ser el origen de esta mutación beneficiosa
puesto que este la prácticas caníbales en este pueblo tan sólo
comenzaron a finales del siglo XIX.
La respuesta a esta cuestión la encontraron secuenciando más
de 2000 cromosomas que representaban la población de Europa,
África, Japón y fore. En todas estas comunidades se detectó la
presencia de la mutación, aunque entre los aborígenes de Papua
era mucho más frecuente. Además los análisis de la secuencia
de esta variante genética indicaban que esta variante debía
tener más de 500.000 años, según las estimaciones de los
autores. Estos resultados junto con el hallazgo de marcas del
fuego en huesos de Neandertales y los análisis heces humanas
fosilizadas proporcionan evidencias de “repetidos episodios de
endocanibalismo en la poblaciones humanas antiguas”. Fuente:
El Mundo
Autora: Angela Boto |