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ENTREVISTA A MARIO BUNGE
«LO IMPORTANTE ES EL CONOCIMIENTO, NO LA INFORMACIÓN»
ARGENPRESS.info (http://www.argenpress.info)
Por: Martha Paz (BIOMEDIA)*
Filósofo nacido en
Argentina, autor de cuarenta libros y casi quinientos artículos
en una docena de lenguas, Mario Bunge estuvo en Salamanca, en
mayo de este año, para ser investido como doctor Honoris Causa
por la misma universidad que acogió hace cientos de años a Fray
Luis de León y Francisco de Vitoria, pensadores como él por
quienes, dijo, sentir mucha admiración.
Era su 15º doctorado honorario pero eso no impidió que, vestido
con el tradicional traje académico, participara emocionado de la
ancestral ceremonia en la que el rector y los doctores de
Salamanca le impusieron el grado de doctor en Filosofía y, en
latín, él jurara 'guardar los derechos y privilegios y el honor
de esta Universidad y siempre ayudar, prestar apoyo y consejo,
en las obras y asuntos de la misma, cuantas veces fuese
requerido'.
Su discurso, sobre el cual algunos ya han dicho que debería ser
lectura obligada en los gobiernos y las administraciones
públicas, enfatizó en la importancia de que los países hagan
inversiones en investigación básica porque, de lo contrario, 'la
gallina no pondrá huevos de oro'. Advirtió que la cosecha de
frutos no es inmediata pero sí determinante para una sociedad.
Crítico y contundente en sus argumentos, Mario Bunge conversó
luego con nosotros. ¿El tema? Uno de moda: la sociedad de la
información versus la sociedad del conocimiento. ¿El enfoque?
Uno fuera de moda, es decir, a la manera de Mario Bunge, como a
él le gusta, resistiéndose a todas las modas. Finalmente, él no
es un filósofo a la moda.
- Pensadores y filósofos contemporáneos coinciden en decir que
estamos viviendo la sociedad de la información. Otros ya hablan
de la sociedad del conocimiento. ¿Cuál es la diferencia?
- La información en sí misma no vale nada, hay que descifrarla.
Hay que transformar las señales y los mensajes auditivos,
visuales o como fueren, en ideas y procesos cerebrales, lo que
supone entenderlos y evaluarlos. No basta poseer un cúmulo de
información. Es preciso saber si las fuentes de información son
puras o contaminadas, si la información como tal es fidedigna,
nueva y original, pertinente o impertinente a nuestros
intereses, si es verdadera o falsa, si suscita nuevas
investigaciones o es tediosa y no sirve para nada, si es
puramente conceptual o artística, si nos permite diseñar actos y
ejecutarlos o si nos lo impide. Mientras no se sepa todo eso, la
información no es conocimiento.
Y lo que importa es el conocimiento. No tiene interés, creo yo,
insistir en la información. Hay que insistir más bien en la
relación que ésta tiene con el conocimiento y el poder económico
y político. Hay que averiguar quiénes son los dueños de las
fuentes de información y de los medios de difusión. Si la
información está distribuida equitativamente, puede beneficiar a
todo el mundo. Si, en cambio, está concentrada en pocas manos,
va a beneficiar primordialmente, sino exclusivamente, a los
dueños de esas fábricas de información.
Lamentablemente, lo que existe ahora en el mundo industrializado
es una concentración creciente de los medios de información.
Urge luchar contra eso. Así como en algunos países hay leyes
contra el monopolio industrial y comercial, es preciso trabajar
también por una legislación contra el monopolio informativo. Las
leyes actuales están favoreciendo la concentración de los medios
de difusión. Y eso es un peligro muy grande para la democracia
porque implica alimentar a la gente con información unilateral,
ocultándole la verdad, distrayéndola para mostrarle aspectos
poco importantes de lo que en verdad sucede en el mundo.
Por ejemplo, se le da mayor relevancia a actos terroristas en
los que mueren una o dos personas que al terrorismo constante al
que se ve sujeta la gente que no tiene agua para beber. Todos
los años fallecen por lo menos setenta millones de personas
porque no tienen acceso a agua potable y beben agua contaminada.
Hay niños que no llegan al año de edad debido a que mueren de
diarrea causada por el agua contaminada. Es que el agua potable
está mal distribuida, en manos de poca gente.
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