ENTREVISTA A MARIO BUNGE
«LO IMPORTANTE ES EL CONOCIMIENTO, NO LA INFORMACIÓN»
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Por: Martha Paz (BIOMEDIA)*
En general, el problema principal del mundo contemporáneo
-también lo fue del antiguo- es la concentración de la riqueza y
de los bienes en pocas manos. La desigualdad, un problema de
siempre, un problema que sólo se podría resolver tomando medidas
económicas, culturales y políticas. Hay que distribuir el poder.
Y esa mejor distribución debe abarcar, entre otros aspectos, a
los medios de comunicación.
- Hablar de la nueva sociedad nos lleva necesariamente a hablar
de las llamadas nuevas tecnologías o tecnologías de la
información. ¿Cómo han cambiado a la sociedad?
- Han cambiado a sólo una parte de la sociedad, a una sexta
parte de la humanidad. Las cinco sextas partes restantes casi no
han sido afectadas. Pero ese cambio ha sido muy profundo. La
cantidad de información accesible es mucho mayor y la velocidad
con que se la puede conseguir ha aumentado enormemente. Antes la
gente pasaba horas o días buscando una información. Ahora puede
encontrarla muy rápidamente a través de Internet.
Pero esa mayor facilidad tiene un lado negativo, que es la
sobrecarga de información. Debemos ahora protegernos contra esa
sobrecarga, crear filtros para que no nos llegue tanta
información mala o impertinente.
Necesitamos más tiempo para reflexionar y menos para buscar
información. La gente gasta demasiado tiempo mandando y leyendo
'emilios', sin necesitarlos para trabajar y sólo por seguir
perteneciendo a comunidades y redes culturales.
Por eso es que yo no estoy enchufado. Me desenchufé hace muchos
años. Hubo una época, hace treinta años, en que yo pasaba dos
días por semana respondiendo correspondencia común y ordinaria.
Si bien uno está contento de pertenecer a una red cultural,
llega un momento en que se necesita más tiempo para la
reflexión. De lo contrario, ésta es superficial, demasiado
rápida, sin tiempo para asimilar, criticar, sopesar. Hace falta
más tiempo para ensimismarse, para reflexionar en silencio y
soledad.
- ¿Lo mismo se puede decir de la sociedad de la imagen en la que
estamos inmersos?
- Eso es mucho peor. La imagen, demasiado rápida, reemplaza al
pensamiento. Y aunque se dice que una imagen vale por mil
palabras, lo cierto es que queda muy poco de ella, se la olvida
con facilidad. La imagen no tiene contenido conceptual. Puede
suscitar ideas en algunos casos, pero es muy superficial. Porque
lo que podemos ver es apenas la pie_generall de las cosas. La mayor
parte del mundo está oculta a la vista, hay que conseguirla, hay
que imaginarla, hay que conjeturarla. Y la imagen nos restringe
a las apariencias. La palabra puede trasmitir conceptos, algo
que la imagen no puede. Y solamente con conceptos se accede a lo
invisible, que es la mayor parte del universo.
- Ahora se ve a la hiperconectividad como algo positivo, como un
fruto saludable de la sociedad de la información y del
conocimiento. ¿Qué dice al respecto?
Muchas veces nos conectamos con sectores que no nos interesan.
O, por lo contrario, se refuerza la relación con especialistas
de la misma especialidad, lo cual cierra la posibilidad o el
aliciente para conectarse con grupos que se ocupan de otras
cosas. Por ejemplo, en los viejos tiempos, uno iba a la
biblioteca a buscar un libro o una revista que se ocupaba de la
especialidad de uno y, a los costados, se veía, sin querer,
material de disciplinas anexas. Esa búsqueda o mirada a lo
aledaño enriquecía la investigación propia, favorecía la
formación de interdisciplinas.
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