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La ciencia ficción es un género que
todo el mundo conoce, incluso aquéllos que jamás han leído
un libro de estas características. El término fue acuñado en
1929 por
Hugo Gernsback, editor de una de las primeras revistas
del género y que definió la ciencia ficción como
“narraciones fantásticas entremezcladas con hechos
científicos y visiones proféticas”. Todo un placer para
aquellos que aman la literatura y que disfrutan además con
la posibilidad de excitar su imaginación.
Literatura futurista, novela científica
o ciencia ficción, el caso es que son numerosos los
escritores que a lo largo de la historia se han dedicado a
ella, para el bien y disfrute de la humanidad, con un
beneficio para nuestra que ya nadie pone en duda: ¿quién
puede negar que hemos disfrutado y aprendido de escritores
como Jorge Luis Borges, Arthur C. Clarke, Julio Verne o
Tolkien?
El escritor de ficción,
César Mallorquí definió la ciencia ficción como un
subgénero de la literatura fantástica que se aleja de lo
sobrenatural y se rige por principios racionales o
pseudorracionales. Ahora, un estudio reciente realizado por
la universidad de Liverpool pone los orígenes de dicha
literatura fantástica, de la que se produjo a partir del
siglo XIX la “ciencia ficción”, en la mismísima Antigüedad.
Viajes fantásticos que parecen reales
Desde sus inicios, en la historia de la literatura hay obras
en las que se relatan viajes fantásticos. La investigadora
Karen Ni-Mheallaigh, de la Escuela de Arqueología,
Egiptología y Antigüedad de la
Universidad de Liverpool se ha centrado en ellos,
estudiando los componentes fantásticos de la literatura
clásica y examinado las teorías de la moderna ciencia
ficción literaria y cómo estas teorías pueden aplicarse al
mundo antiguo.
Sus estudios abarcan desde la Antigüedad hasta el segundo
siglo después de Cristo. Parten de la constatación de que en
la literatura griega existió una larga tradición fantástica,
como se puede ver la Odisea de
Homero, en la que se narran los viajes de Odiseo o
Ulises, con elementos fantásticos continuos.
Pero hay más: Karen Ní Mheallaigh explica que el escritor
sirio
Luciano de Samósata (125-192) fue uno de los grandes
escritores satíricos de la Antigüedad, invirtiendo los
patrones clásicos de las artes, de la filosofía y de la
literatura que venían de la tradición sofística.
Luciano hizo de la parodia, la fabulación fantástica y la
sátira social, ingredientes esenciales de su obra y escribió
los llamados “Relatos verídicos”, en los que se parodian los
relatos de viajes. Entre ellos está uno que narra un viaje a
la luna –el primero, por tanto, no fue el de Julio Verne “De
la Tierra a la Luna”- y una batalla interlestelar.
También destaca Antífanes de Atenas, uno de los principales
autores de la comedia media griega (336-250 a.C.), que
escribió acerca de sus viajes al norte de Europa diciendo
que hacía tanto frío que se congelaban las conversaciones en
el aire. Asimismo, el historiador
Herodoto, considerado como “el padre de la historia”,
escribió acerca de serpie_generalntes volantes y hormigas gigantes
buscadoras de oro de la India.
Recursos literarios modernos
Según Ni-Mheallaigh, la fantasía del mundo antiguo aún no ha
sido lo suficientemente investigada desde la perspectiva
literaria. Lo más interesante de estos viajes fantásticos es
que muchos de ellos fueron escritos como si hubiesen sido
viajes reales anotados en diarios o como textos históricos.
Los griegos sentían una fascinación enorme hacia lo exótico
y hacia otros mundos y algunos de ellos viajaron al norte y
al este del mundo para satisfacer su curiosidad.
Las culturas que conocieron en sus viajes eran tan
diferentes a las suyas que les inspiraron a fantasear y
especular sobre los mundos remotos. Según Ni-Mheallaig, los
griegos parecen tener un anhelo especial por escribir
ficción pura, incluso aquellos escritores que en otras ramas
de su trabajo se dedicaban a otros géneros literarios. Para
sus obras fantásticas buscaron incluso evidencias
documentales inventadas, tales como textos “redescubiertos”
o inscripciones inventadas.
El primer escritor que reconoció que nada de lo que había
escrito era cierto fue el argelino
Lucio Apuleyo, autor de El asno de oro y viajero
empedernido. Sin embargo, su estilo, como el de los demás
escritores de literatura fantástica de la época analizada,
estaba calculado para convencer a sus lectores de que todas
las aventuras descritas eran verdaderas. Sus libros jugaban
con la mente de los lectores, tal y como lo hacen hoy los
escritores de ciencia ficción, con los que siempre nos queda
la pregunta ¿y si fuera cierto?
La ciencia ficción hoy día
Este recurso literario que consigue que los lectores se
introduzcan en las obras y que crean en ellas ciegamente
–incluso a sabiendas de que lo que se está contando es pura
imaginación- se ha mantenido a lo largo de la historia.
La primera obra del género de ciencia ficción, tal y como lo
conocemos hoy, aparece como consecuencia de la Revolución
Industrial, y tiene como base la aparición de la tecnología.
Se trata de la obra Frankenstein, de Mary Shelley, publicada
en 1818. También en el siglo XIX llegan las obras de Julio
Verne (1828-1905). Verne encarna el prototipo de autor de
ciencia ficción actual, que utiliza los últimos
descubrimientos científicos para desarrollar un mundo
imaginario.
La sorpresa en lo que se refiere a Verne radica en su
capacidad, no ya de inventar, sino de anticipar: Julio Verne
se adelantó a su tiempo situando la lanzadera de su viaje a
la luna en Florida, Cabo Cañaveral, desde donde hoy
(realmente) la NASA lanza sus cohetes. Además, en su obra La
Isla con Hélice, habla de un cableado de información global
y telefoto, que transmite imagen y sonido.
Pero la historia de la ciencia ficción se desarrolla
especialmente en el siglo XX. Autores como Stenvenson (El
extraño caso del Dr. Jeckyl y Mr. Hyde), Wells (La máquina
del tiempo), London o Conan Doyle, Clarke o Sturgeon, entre
muchos otros, la colocaron en lo más alto de la historia de
la literatura.
Desde siempre, la literatura de ficción nos ha valido para
imaginar y encontrar respuestas a nuestras inquietudes,
respuestas que aunque no sean del todo ciertas, parecen
tranquilizar nuestra alma. Hoy sabemos que este camino
artístico aparentemente ilimitado fue iniciado en la
Antigüedad. La obra de Karen Ní Mheallaigh que lo demuestra
se publicará en 2006. La Universidad de Liverpool ha abierto
un sitio
de Internet sobre ciencia ficción para escolares que
constituye todo un anticipo de los próximos descubrimientos
sobre esta rama de la literatura universal.
Fuente:
Tendencias Científicas
Autora: Vanessa Marsch |