La mercantilización y burocratización de
nuestras vidas hace que se pierda la capacidad de las relaciones
interpersonales. Somos nombres con NIF, sin contenido, sin alma. La
persona, como tal, está descatalogada.
A pesar de mis protestas, Retevisión incluyó
mi nombre y todos mis datos en ASNEF por una deuda contraída por mi,
según su teoría, de 72,54 €. Todo ello consecuencia de que mi baja en el
servicio de "tarifa plana", cursada en un principio, fue anulada
cuatro meses después. (Me había dado de baja en Telefónica y dado de
alta en la compañía gallega de cable R).
Cada vez que lograba comunicar (harto
difícil), a través del 060, con algún empleado de la compañía, recibía
una explicación y recomendación distinta. No tuve forma de justificar
por escrito mis reclamaciones ya que Retevisión no proporciona una
dirección de correo a la que dirigir la protesta.
Presenté una denuncia ante el Instituto
Galego de Consumo (ICO). La Junta Arbitral, después de
analizar mis argumentaciones y estudiar el fax enviado por Retevisión
(no hubo comparecencia física de ningún representante en la cita ante el
Colegio Arbitral), dictó un laudo a mi favor. En realidad es la
empresa de telefonía la que me debe 0,63 €. ¿Qué cálculos previos
hicieron para reclamarme 72,54 €?
Se toman decisiones contra una persona sin
darle a ésta la opción de hablar, de exponer sus razones, de defenderse.
¿Cómo se puede permitir? Esto es lo que hace Retevisión, o al menos hizo
conmigo. Y al final (para muestra el fax enviado a la Junta Arbitral)
ellos mismos se contradicen. Las matemáticas, para los que las
manejamos, son claras y precisas, y todos sabemos que 72,54 no es igual
a -0,63. Y también todos sabemos que una persona no es un número a pesar
de que algunos nos traten como tal.