Por Veterando Terci Gotionorum Ordinis
Hay demasiada gente que opina de todo y que sin saber
de nada se atreven a pontificar sobre lo divino. Demasiada gente que ha
oído campanas y, a partir de ahí, son capaces de argumentar cualquier
cosa y demasiada gente que nunca lee un periódico ni un libro y pretende
saberlo todo.
Unos y otros son admirados por muchos que, embobados, se extasían al
verlos sentando plaza de tertulianos, que es una especialidad del
periodismo para la que, según Arturo Pérez Reverte, no se necesita ser
periodista, pero para la que hay que valer mucho, por que no se requiere
saber - que saber puede saber cualquiera que quiera estudiar - sino
disponer de agilidad mental, cosa propia, por ejemplo, de los trileros,
capaces de esconder una bola bajo media cáscara de nuez y hacer creer a
los espectadores que saben donde está la bola.
Hay dos clases de tertulianos: De la actualidad y del corazón.
Para ser tertuliano de la actualidad hay que ser contrario al Gobierno o
tonto. Los unos atacarán al Gobierno cualquiera que sea el tema de que
se trate. Los otros, o sea los tontos, apenas serán capaces de oponer
argumentos contundentes, que haberlos los hay en muchos casos. Por eso
convendría tener algo de culturilla. Tampoco demasiada. Sin exagerar.
Pero antes que el asunto de la cultura está lo de la agilidad mental. Es
imprescindible para sacar a relucir aquello que hizo el Gobierno tiempo
atrás y que ahora es un claro ejemplo que viene al pelo en el asunto que
se debate
O sea, lo importante es enrollarse bien, ya que lo de la cultura no es
indispensable por que no será necesario echar mano de ella para mantener
un argumento. Puede sustituirse por verborrea.
Una tertulia que se precie debe contar con una mayoría de comentaristas
progresistas, entre los que debe haber algún viejo de melenita blanca
permanentemente cabreado, una gorda de labia rencorosa y despectiva, un
catalán y un vasco para darle pluralidad a la tertulia, algún que otro
periodista de los que escriben un articulito en los periódicos y un
homosexual - por aquello de la diversidad - o un calvo de preclaras
ideas. En su defecto, algún precoz periodista joven y enchufado. Frente
a ellos, una o dos escritoras o periodistas de mediana categoría y
conservadoras, incapaces de argumentar contundentemente y llevarse los
cabestros (1) al callejón.
Y es que para tertuliano de la actualidad no vale cualquiera.
Los tertulianos del corazón son otra cosa. Son más sinceros y
transparentes.
Hablan con total sinceridad de las veces que se acostaron con el famoso
y de las veces que se lo hicieron en una noche. En cuanto a lo
transparente, todo el mundo puede ver las costuras por donde le metieron
la silicona.
Estos tertulianos no precisan siquiera agilidad mental. Basta con saber
montar un numerito en el lugar adecuado, con seudo-famoso por medio.
La tertulia debe componerse principalmente de un presentador macarra o
presentadora mona, algún periodista gay , un chulo o un listillo y el
resto deben ser jovencitas que hayan tenido experiencias de cama de
algún renombre. En algunos casos, también conviene contar con la
presencia de la madre para que, en lugar de defender públicamente la
virtud de su hija, haga valer detalles que confirmen el revolcón de su
hija. O sea, que su hija no miente, que es lo importante.
Y todo lo anterior en base a que cada día hay más gente que ha cambiado
el "yo pienso" por el "dame pienso". Aunque donde más se nota esto es en
el terreno político. Ya hablaremos...
(1) Cabestro: Buey que sirve de guía a
los demás de la manada.