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La protección de los derechos debe amparar a
las dos partes implicadas. Ciertamente, se cae -sin querer (quiero
pensar)- en el error de sobreproteger a una a expensas de la otra.
En los medios de comunicación pude oír una gran verdad que se está
produciendo en nuestro país: la garantía de los derechos del "reo"
(incluso antes, con la aplicación del principio "indubio pro reo")
frente a los derechos de la víctima, mermados por incompatibilidad
manifiesta con los de aquel. Asimismo, pero en otro campo, me
refiero ahora a los derechos del consumidor, ocurre "de facto"
esta ambivalencia -que no convivencia- de los derechos de ambas
partes. Hablo ahora como empresaria: "por favor, señores clientes,
no abusen de sus derechos y, con engaños, pretendan hacer valer
aquellos a expensas de eliminar los nuestros." Hay derechos que
son de todos: el derecho del consumidor a reclamar por defectos de
fabricación y, por ende, el derecho del empresario a no admitir
devoluciones de productos que han sido utilizados
incorrectamente". Siendo así, deberíamos pensar que es cierto
aquello de que "en el medio está la virtud", ¿no creen?. Seamos
honestos y, como tal, ejerzamos nuestros derechos con la más pura
de las honestidades. ¿Utopía? |