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Como el Carrefour tiene aire acondicionado,
pues se pone de bote en bote. Y los del Madrid aprovechan para
montar el chiringuito y captar paganos del carné de simpatizante.
No es que te hagas abonado, no. Es como que eres socio, pero en
virtual. La moda de este verano es en tonos blancos y en virtual.
Lo demostraron los merengues tras ganar la Liga, haciendo el
paseíllo en el Bernabéu con una copa de plástico en lugar de la
fetén. Ventajas: que está disponible en un momento y que no pesa,
con lo que te das tres vueltas y tan fresco. Pero no las dieron.
Quizás porque era un poco raro eso de la copa de plexiglás.
Vivimos inmersos en el simulacro, y éste se extiende cual
chapapote (que también era inexistente, como recordarán ustedes).
No hay más que fijarse en el himno del Centenario, que será muy
plácido y muy sinfónico, pero suena más falso que lo de la mochila
de Pocholo. Y luego el resto de la celebración, como lo de
encontrarse la fuente parapetada en metacrilato (y conste en acta
que apoyo la moción). Entre Di Stéfano brindando con agua, las
camisetas de las 29 ligas (de pega), los jugadores desfilando a lo
tonto en la pasarela Cibeles y la estatua envuelta para regalo, la
gente al final decía oé, oé, oé pero muy bajito y mirándose unos a
otros. No montaron el pollo ni los Ultrasur.
Será cosa de darle a la cabeza de forma original (tipo el
peluquero de Ronaldo) y tirarnos de una vez a la piscina de la
irrealidad. Qué sé yo, Miguel Ángel Rodríguez, una reproducción de
la fuente para llevar la juerga a Valdebebas, por ejemplo. Algo
así como una muñeca hinchable con tetas de hidrógeno y un carro
tirado por leones de goma. O mejor sin leones, que luego los niños
los confunden con los globos de Doraemon.
Total, ¿no es igual de absurdo lo de llevar la copa al
Ayuntamiento y a la Comunidad? Porque, vale que se la enseñes al
presidente Gallardón, pero tener que llevársela luego al alcalde
(el mismo señor y ya sin resuello tras la carrera calle Mayor para
abajo), parece excesivo. Solo faltaba un Beckham en la plaza de la
Villa y su doble (el que confunde a la canallesca y firmas
camisetas) en la Puerta del Sol. En un mundo así, un tipo sensato
como Vicente Del Bosque no tiene hueco.
Vivimos en el simulacro, digo, sin ser conscientes de ello. Pero a
veces es tan excesivo que despertamos y se nos pone cara de
Simancas a todos (menos a Tamayo y Sáez, que la tienen de hormigón
armado). Pasmados y sin saber qué hacer, como los del trofeo de
plástico, deberíamos cantar esa de Krahe que dice: “Y yo allí con
mi copa hice el gilipollas, madre, y yo allí con mi copa hice el
etcé-é-é-te-rá”. |