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Hemos recibido, firmado por Hilton Pereira da Silva, el
escrito siguiente, en respuesta al artículo
La biopiratería humana como espectáculo,
publicado en el periódico
Rebelión y
escrito por Silvia Ribeiro. |
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En diversos reportajes recientes publicados en periódicos y
sitios de Internet de Brasil y el extranjero mi nombre
aparece ligado a actos de biopiratería, sin que mi opinión
haya sido interpelada por estos medios. Los reportajes se
refieren a una CPI en la Cámara Federal y a una pregunta
sobre la venta de células sanguíneas de los indígenas
Karitiana y Suruí, de Rondonia, por el laboratorio
norteamericano Coriel Cell Repositories. En agosto de 1996,
yo trabajé entre los Karitiana como antropólogo consultor en
un documental para el Canal Discovery y, como también soy
médico y salubrista, pude constatar su precaria situación de
salud y la total ausencia de profesionales de la salud en el
poblado. Tras la filmación del documental (que fue emitido
en el Canal Discovery en 1997), fui invitado por el Chefe
Garcia, en nombre de la Asociación Karitiana, para que
permaneciera entre ellos y les ayudara con asistencia médica
de emergencia. Después de recibir el consentimiento del
representante de la FUNAI en el poblado, durante tres días
realicé consultas, exámenes y prescripciones a las personas
que accedieron al lugar y después, también a pedido de los
Karitiana, durante algunas horas en la Casa do Indio. Para
establecer el diagnóstico complementario de ciertas
dolencias, fueron recogidas algunas muestras de sangre de
las personas más enfermas, de las cuales no pude hacer un
diagnóstico clínico adecuado, y llevadas para su análisis a
la Universidad Federal de Pará, donde todo el material
permaneció depositado hasta ser solicitado por la Justicia
de Rondonia, a la que fueron entregadas las 54 muestras en
2004. Como yo apenas disponía de un kit de emergencias
médicas, que me acompaña siempre que voy a la Amazonía, y no
estaba preparado para atender a una tribu completa, dado que
no era ese el propósito de mi visita al poblado, apenas
fueron recolectadas unas pocas muestras correspondientes a
las personas sobre las que no conseguí establecer con
claridad un diagnóstico clínico. La sangre por mi
recolectada no salió del Brasil y no tuvo, en ningún caso,
destino comercial, dado que iría contra mi ética y los
principios morales de los investigadores e instituciones con
los cuales trabajo. Las fui recolectando solamente para
ayudar al diagnóstico de enfermedades, procedimiento médico
regular, de acuerdo al artículo 57 del Código de Ética
Médica. Yo, con el apoyo voluntario de Denise, mi
acompañante en esa ocasión, que es brasileña y no
profesional de la salud como acusan algunos reportajes y
quien me ayudó en actividades lúdicas solamente, presté
atención médica a los Karitiana con carácter voluntario,
humanitario y de emergencia; no les prometí atención futura,
y no hice nada que dañara sus intereses. La memoria de las
actividades médicas de emergencia desarrolladas en el
poblado fue enviado a la Asociación Karitiana, a la FUNAI de
Rondonia y de Brasilia, al CIMI de Rondonia, a la
Procuraduría General de Rondonia y a las dos CPIs de la
Cámara Federal sobre biopiratería. Jamás estuve entre los
Suruí, o en cualquier otro poblado indígena de Brasil. En
1997 y en 2005, ambas CPIs reconocieron que no existe
relación entre mi trabajo médico de emergencia y el material
indígena en venta en los EEUU. Una simple búsqueda en
Internet, muestra que el material en venta en el extranjero
proviene de la colección Stanford/Yale, y que fue
recolectado en la década de 1980 por investigadores
norteamericanos, posiblemente con permiso de la FUNAI, y que
ya estaba siendo vendido en Internet desde abril de 1996,
por lo tanto, cinco meses antes de que yo atendiera el
poblado Karitiano. A comienzos de 1997, yo y otros
investigadores brasileños, establecimos contacto con el
laboratorio para que se pronunciara sobre el asunto y
conversamos con las autoridades brasileñas para solicitar
providencias sobre el material en el extranjero. Nuestras
solicitudes de contacto fueron ignoradas. Desde 1997
diversos artículos también han sido publicados en periódicos
presentando de forma distorsionada los hechos, insinuando mi
participación en actos de biopiratería, en vez de rescatar
los realizados por mí y otros investigadores para tratar las
enfermedades y proteger los derechos de los Karitiana. He
respondido a todos los artículos de los cuales tengo
conocimiento, pero los errores groseros sobre mi persona
continúan siendo publicados. Pese a que mi nombre y
dirección eran fácilmente accesibles en diversos sitios de
Internet, como en el banco de currículums Lattes do CNPq o
en la web de la Universidade Federal do Rio de Janeiro, y en
otras formas diversas que, ciertamente, serían de fácil
acceso para cualquier órgano federal o ciudadano interesado,
e inclusive, en la Acción Civil en marcha en Rondonia, que
ya fue integralmente contestada por mi abogado, no fui
requerido para prestar cualquier aclaración sobre el absurdo
involucramiento de mi nombre en el caso arriba citado.
Durante este tiempo, he tomado siembre la iniciativa de
contactar con todos los órganos públicos interesados, enviar
documentos y ponerme a disposición para ayudar a esclarecer
los hechos. La biopiratería es una cuestión a investigar
seriamente por las autoridades brasileñas, por la comunidad
científica y por la prensa. El uso comercial de productos
biológicos sin que sus donantes sean beneficiarios es
absolutamente inmoral, antiético y debe ser repudiado por
toda la sociedad. Como ciudadano brasileño, como profesional
de la salud y como investigador, es mi deber proteger a las
personas con las cuales trabajo y resguardar sus intereses.
Esta ha sido mi postura durante más de una década de trabajo
entre los grupos rurales de la Amazonía. Estoy a la
disposición de periodistas y de todas las autoridades para
prestar cualquier aclaración sobre la lamentable inclusión
de mi nombre en esta extravagante situación, en la cual soy
acusado de barbaridades solamente por atender el llamado de
emergencia de una tribu necesitada y cumplir los preceptos
del Código Brasileiro de Ética Médica (Artículos 57 y 58).
Es una lástima que para algunos periodista el
sensacionalismo continúe teniendo mayor valor que los
hechos. |
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