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AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
SONETO
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha
sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado,
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Del grupo de poemas a Lisi
(Francisco de Quevedo)
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EL RUIDO Y LA
FURIA
...
El día amaneció descolorido y frío. Un muro
inestable de luz grisácea proveniente del noreste que, en lugar de
disolverse y convertirse en humedad, parecía desintegrarse en partículas
diminutas y ponzoñosas, como polvo, que, cuando Dilsey abrió la puerta
de la cabaña y emergió, le agujerearon lateralmente las carnes
precipitando no ya humedad, sino una sustancia que participaba de las
cualidades del aceite fluido. Llevaba ella un rígido sombrero de paja
posado sobre el turbante y un chal de terciopelo castaño con un borde
de piel anónima y sarnosa, sobre un vestido de seda roja. Durante un
rato permaneció de pie en el hueco de la puerta con su rostro hundido
expuesto a la intemperie y una delgada mano de piel tan flácida como la
panza de un pescado. Luego se quitó el chal y examinó la pechera del
vestido.
El vestido le caía flojamente sobre los hombros, sobre los senos
lacios, y luego se ajustaba sobre la barriga y volvía a caer, inflándose
un tanto sobre las prendas inferiores que ella se iría quitando, una
tras otra, cuando finalizara la primavera y los días tibios, de colores
regios y moribundos. Antaño había sido una mujer corpulenta, pero
ahora sólo quedaba en ella el esqueleto erguido, envuelto blandamente
en una piel sin curvas que a su vez se ajustaba sobre el vientre casi
hidrópico, como si músculos y tejidos hubieran sido valor y entereza
que los días o los años consumieron hasta sólo dejar el indomable
esqueleto, elevándose como una ruina o un mojón por sobre todos los soñolientos
e impenetrables intestinos, y por sobre todo ello el rostro, que daba la
impresión de que los huesos habían salido fuera de la carne, ese
rostro desvaído, levantado hacia el día que llegaba, con un gesto a un
tiempo de fatalismo y de desilusión asombrada e infantil. Luego se
volvió, entró nuevamente en la casa y cerró la puerta.
...
(William Faulkner)
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UN MOMENTO EN LA OBRA DE MAX ERNST
Max Ernst
(1891 - 1976) tomó como prototipo, en el inicio de sus creaciones, el collage;
así asociando distintos elementos creó imágenes absurdas que son el
preludio de su arte surrealista.
Su pintura es experimental. En el cuadro de la izquierda se combinan
formas que fluctúan entre lo vegetal y lo mineral en una naturaleza
terrible, con bosques siniestros y monstruosos. En Un encuentro de
amigos (arriba) el autor muestra las relaciones que deben existir
entre algunas de las vertientes del arte: la filosofía, la poesía y la
pintura; son varios los personajes que, numerados, aparecen reflejados
en los pergaminos situados a izquierda y derecha. El lugar en el que se
sitúa el grupo es extraño y enigmático.
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